Gracias por la vejez
A veces siento nostalgia del tiempo que pasó, pero más nostalgia siento del tiempo que me queda. Con los años el tormento del tiempo me ha quitado las ganas de vivir con intensidad el tiempo que me queda. Sin embargo, no puedo dejar de admitir que los años pasados me regalaron tres cosas, una de ellas son los momentos duros, los momentos que me han marcado. Pero si hago un recuento de cómo ha sucedido mi vida, me puedo dar cuenta que uno siempre recuerda lo que sale de lo normal, lo que rompe con la rutina, entonces por obviedad mi vida fue más buena que mala. El segundo regalo fueron los buenos momentos, los que inundaron mi vida de tal manera que tuve la suerte de que fueran rutina, invadidos por momentos malos que me harán recordar la rudeza de mis días. Pero quien puede olvidar las noches de amigos y las risas en las largas horas de la niñez, como olvidar los cines de mi juventud en un mundo más chico, sin internet, con personas de verdad, con historias de verdad, sin usuario...