Almohada de plumas
Una almohada de plumas. En la sala de espera del hospital se ven muchas cosas, la desgracia sobrevuela un ambiente denso, y todos hablamos bajito, como si no quisiéramos despertar a la muerte que reposa en las sombras. Esa noche estaba sentado sin mucho que hacer, mirando un punto fijo en el techo. Una mujer pasa frente a mí, la veo con el rabillo del ojo, pero no presto atención. Segundos más tarde, un llanto explota de improvisto, la mujer abraza a otra que sale del pasillo de terapia intensiva. Sollozan, se abrazan, y escapan de la escena gritos de dolor. La mujer que acaba de entrar trata de consolar a la desdichada, pero es inútil. La mujer que llora, trae en las manos una bolsa de ropa, toallas, algunos bártulos de cocina y una almohada. Cuando el dolor vence sus piernas, se deja caer de bruces, todo se desparrama por la sala de espera frente a la vista atónita de los espectadores que vemos sin disimulo. Las cosas ruedan y esparcen dolor a su paso, la mujer se derrumba, sol...