Gracias por la vejez

 A veces siento nostalgia del tiempo que pasó, pero más nostalgia siento del tiempo que me queda.

Con los años el tormento del tiempo me ha quitado las ganas de vivir con intensidad el tiempo que me queda.

Sin embargo, no puedo dejar de admitir que los años pasados me regalaron tres cosas, una de ellas son los momentos duros, los momentos que me han marcado. Pero si hago un recuento de cómo ha sucedido mi vida, me puedo dar cuenta que uno siempre recuerda lo que sale de lo normal, lo que rompe con la rutina, entonces por obviedad mi vida fue más buena que mala.

El segundo regalo fueron los buenos momentos, los que inundaron mi vida de tal manera que tuve la suerte de que fueran rutina, invadidos por momentos malos que me harán recordar la rudeza de mis días.

Pero quien puede olvidar las noches de amigos y las risas en las largas horas de la niñez, como olvidar los cines de mi juventud en un mundo más chico, sin internet, con personas de verdad, con historias de verdad, sin usuarios ni contraseñas, las tardes en el río. Cómo olvidar los autos de los buenos años, cuando todo se hacía mejor, el olor a aceite de un motor con más cariño y sueños que kilómetros por recorrer. Cómo olvidar la radio de mis tiempos y sabina sonando sin sonido estereo. Cómo olvidar entre tanto y tanto los besos que me enseñaron el valor de una buena compañía mirando al cielo. Cómo olvidar la escuela y las veces que uno se escapa lleno de adrenalina, invadido por una sensación de que el mundo es demasiado grande y que tarde o temprano estaremos en la cima. Cómo olvidar el sudor del amor, los primeros sabores de la intimidad, entre miradas en la oscuridad y palabras sin aliento que no generan sonidos. Como olvidar el olor de una mollera de vida nueva, imposible olvidar el calor de la vida que comienza y sentir que en una mano entran tantos sueños, y que nunca podré contener en el pecho verlos crecer. Cómo olvidar el día que supe que tendría que contener mil veces más las lagrimas de amor, emoción y orgullo de esa nueva vida que las veces que llorare por dolor.

He perdido mucho, pero no puedo olvidar todo lo que gane, años de amor en un mundo donde el dolor acecha cada tanto tras la puerta. Quizás hoy mis días sean grises, pero… cómo olvidar tanto que me ha dado la vida...

Quizás ya no me queden muchas horas por venir en comparación a las vividas, pero estoy seguro de haberle dedicado a las cosas indicadas el tiempo suficiente. Fue necesario trabajar, estudiar, trabajar, trabajar y luego trabajar, pero me llevo los sueños que pude tomar, los bolcillos están repletos y no puedo contar todos las imágenes y las caras que he guardado.

No dejaré opacar lo que he vivido por lo que he perdido, recordaré de ahora en más que el tercer regalo de mi vida, dividido entre arrugas y canas, son el recordatorio de las tardes frente al mar, de las noches de amor en la oscuridad y de los días que parecían cortos y fueron eternos, porque todavía los siento.

Recordaré para siempre que los que se fueron me regalaron sentimientos que tendré cuando todo termine. Recordaré que el momento que no llegó, no es mío. Recordaré de quienes decidieron dejarme lo bueno que me dejaron. Recordaré que las palabras que dolieron fueron menos que los abrazos.

Tendré siempre presente que la ventana me muestra un sinfín de ocasos y que solo uno de ellos no tendrá amanecer. Me aferraré a mis arrugas y agradeceré la vida que he tenido, recordaré las curvas de los autos de mi niñez en un mundo de rectas, recordaré los abrazos y me hundiré en el recuerdo de ese calor.

Cuando ese día llegue a su final me sentiré completo, sabiendo que mi vida estuvo a la altura de mis posibilidades. Veré mi cuerpo marchito cruzado por un sinfín de arrugas sabiendo que guardan en cada pliegue una vida completa…

En redes sociales: FABIAN LUQUEZ 


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