Los Gonzales siempre fueron una familia disfuncional, nunca hablaron mucho entre ellos y siempre pero siempre les faltó diálogo. Les faltó diálogo cuando la hija más grande se recibió de contadora y una noche salió a escondidas de su padre para irse a vivir con su novio, no volvió nunca a la chacra de Rosario. El hijo más grande, tampoco hablaba con el viejo Gonzales, solo se gritaban. Nunca le perdonó que lo obligará a quedarse en aquella casa de campo sobre la ruta 136, a 80km del primer pueblo. Pero su padre insistía en que alguien debía cuidar que en las noches no se robaran los animales los cuatreros. El viejo Gonzales, no hablaba con nadie, solo se gritaba con su hijo. Nadie podría culparlo, había montado un imperio él solo, trabajando solo de sol a sol. Además consideraba que su hijo era un inútil, solo pensaba en irse a buscar mujeres a la ciudad. Por ejemplo, una noche anterior habían intentado robarse un ternero y lo que tenía a mano era el rifle de su hijo, pero cuando ...
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