Los Gonzales siempre fueron una familia disfuncional, nunca hablaron mucho entre ellos y siempre pero siempre les faltó diálogo.

Les faltó diálogo cuando la hija más grande se recibió de contadora y una noche salió a escondidas de su padre para irse a vivir con su novio, no volvió nunca a la chacra de Rosario.

El hijo más grande, tampoco hablaba con el viejo Gonzales, solo se gritaban. Nunca le perdonó que lo obligará a quedarse en aquella casa de campo sobre la ruta 136, a 80km del primer pueblo. Pero su padre insistía en que alguien debía cuidar que en las noches no se robaran los animales los cuatreros.

El viejo Gonzales, no hablaba con nadie, solo se gritaba con su hijo. Nadie podría culparlo, había montado un imperio él solo, trabajando solo de sol a sol. Además consideraba que su hijo era un inútil, solo pensaba en irse a buscar mujeres a la ciudad. Por ejemplo, una noche anterior habían intentado robarse un ternero y lo que tenía a mano era el rifle de su hijo, pero cuando trató de disparar al vehículo que se alejaba a toda velocidad se encontró la mira desviada hacia arriba. Tardó casi dos horas en ajustarlo como para disculpar hormigas a 300 metros.

La vieja Rosas de Gonzales, no hablaba con nadie. Porque su marido le retiró la palabra cuando se enteró de que ella había sido parte del escape de su hija. El muchacho tampoco le hablaba por lo mismo, consideraba que ella no se jugo por él como lo había hecho por su hermana.

Por eso la vieja no le dijo a nadie que esa noche su hija volvería a verla, que pasaría a las 3 de la mañana para verla sin que nadie se entere. Por eso el viejo no le había dicho a su hijo que había afinado la mira del rifle. Por eso el hijo cuando sintió ruidos salió con el rifle sin dar aviso a su padre. Por eso la chica no avisó, por eso la madre no les contó, por eso el viejo no se enteró, por eso el muchacho apuntó al pecho, por él siempre tenía la mira un poco alta, para estar seguro que nunca le daría a nada.

Les faltó diálogo, cuando la chica cayó al piso, cuando el chico fue preso, cuando la mujer sufrió un paro al corazón, cuando el viejo se quedó solo en la casa.

Una familia como cualquiera.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Terror en la Montaña

Nahuelito y la mentira de papá

Lluvia y temblores