La Historia de Mi Primer Homicidio (camila parte 1)


Siempre fui amantes de las novelas de la literatura oscura. Entre ellas Frankestein fue y será siempre mi favorito. Cuando Mary Shelly pinta la escena donde el Doctor entra en la cabaña y encuentra todo lleno de sangre y viseras fue y será mi favorita. Sin embargo, si alguien me hubiera dicho que allí estaba mi destino, hasta este momento no lo hubiera creído jamás. 
Durante la pandemia del 2020, decidimos con mi familia no vacacionar en la costa, por precaución nos quedamos cerca de casa y alquilamos una cabaña en las montañas.
La primer noche, junto a mis primos caminamos entre los cerros he hicimos una fogata para contar historias de terror. Deslumbre a todos con los clásicos de Bram y Mary.
Al regresar jugábamos a asustarnos unos a otros, la oscuridad era terrible, si apagabas la linterna no podías ver nada. Recuerdo abrir todo lo que podía los ojos y poner la mano frente a ellos casi tocando mis pestañas, y ni así lograba ver mis dedos.
En la oscuridad, a unos 300 metros, aparecieron las luces de un vehículo que giraba, los seguimos con la mirada por que en esa dirección solo había descampados. De un momento a otro se apagaron las luces, pero en el silencio de la noche escuchábamos el motor en marcha.
Sigilosamente fuimos acercándonos, nos iluminados con los celulares para no llamar mucho la atención. Cuando llegamos a un lugar abierto entre la maleza pudimos divisar al menos tres autos. En todos ellos algún pecado había. Nos acercamos un poco pero solo podíamos escuchar algunos sonidos de alcoba en plena montaña, prender el celular no era buena idea, nos delataria en seguida.
A la noche siguiente creímos que seria muy graciosos asustar a las pareja que resolvían sus asuntos íntimos en la oscuridad. Entonces nos disfrazamos y pintamos las caras. Cuando todavía había luz nos escondimos entre los arbustos y esperamos a que se hiciera la noche.
Ya había pasado una hora desde que estaba oscuro cuando llego la primera víctima, era un auto blanco, de esos medio chiquitos, cruzo el arroyo seco pasando por un puente de cemento bastante mal trecho, dio una vuelta en "u" y se ubico en el fondo pero enfocando al puente. Seguramente alguna estrategia en caso de que algo pasara. Apagó las luces y dejo el motor en marcha. Esa era la señal, debíamos esperar solo unos minutos y podríamos avanzar con nuestro plan.
Treinta minutos casi habían pasado, el auto se empezó a mover y avanzamos sobre él en medio de la oscuridad, mi primo el mayor se deslizo agachado para llegar a la parte de adelante, mi prima se coloco debajo de la ventanilla izquierda y yo en la derecha. El más grande de mis primos contó hasta tres, entonces nos levantamos e iluminandonos empezamos a golpear el auto. Se empezaron a sentir unos gritos desgarradores, la radio del auto iluminaba levemente los cuerpos desnudos y sus caras aterrorizada. Fueron segundos que duraban horas para mi, nunca en mi vida había vivido algo tan divertido, mientras más gritaba yo más se asustaban ellos y más se desfiguraban sus caras.
Un instante duro la broma y mis cómplices empezaron a correr ahogados en risas, yo también quise correr, pero en la oscuridad tropecé con algo y caí pesadamente al piso, me golpee la cabeza con una piedra y quedé algo aturdido.
En medio de la conmoción vi que el auto encendía las luces y acelerando salía a toda velocidad. En el apuro el auto perdió el control, intento cruzar el puente pero embistió el bloque de cemento que ahí en las puntas. Me incorporé mientras el estruendo a metal y vidrios se escuchaba. El tiempo parece más lento ahora, la chica que estaba en el asiento del acompañante salió por el vidrio, logré ver como el cuerpo cayó al canal, luego el auto hace equilibrio sobre el borde por un segundo y termina desbarrancandose de costado.
Mire alrededor para que fuéramos los tres a auxiliarlos, pero estaba solo, nunca supe si mis primos vieron el accidente.
Busque el celular que se me había caído por el golpe, y caminé un poco mareado hasta el borde.
El auto ya no esta en marcha y una columna de humo sale del motor, las luces todavía están prendidas.
Me descolgue por la piedras unos cinco metros para ver cómo estaban. Di la vuelta al auto y encontré a la chica con la mitad inferior de su cuerpo aplastado por el auto, la cabeza descansaba sobre una filosa piedra de montaña, un liquido espeso drenaba por la abertura que la piedra le hizo en el cráneo.
Vomité, porque la imagen era horrible, la mezcla entre aceite y sangre no ayudaba al estómago. Cuando me repuse, me acerque a ella y pude ver entre los pelos pegados en la cara, que asomaban unos ojos abiertos en su máxima expresión, eran de un color verde medio azulado muy intenso.
Corrí con la mano los pelos, obviando un corte en la nariz que se corría hasta el pómulo, la boca era hermosa también. Dulce belleza de mirada extraviada. Quise que sus ojos me miren, así que me monte sobre el torso y tomando la barbilla la ubique para que sus ojos hicieran foco en los míos. Me acerqué despacio, como si ella pudiera despertar y asustarse, pero como sabía que eso no pasaría, entre el barro que se formaba con la sangre y el polvillo, entre humo y la penumbra de las luces rojas, la bese. Sus labios estaban fríos, pero eran muy tiernos.
El tiempo parecía dilatarse a mi favor, pero un ruido en el interior del auto casi me mata de un susto. Salte del cadáver y me escondí detrás de las ruedas traseras.
El chico todavía estaba vivo, fue mi culpa no revisar antes. Salió del auto a gatas por el parabrisas roto. Después de dar la vuelta encuentra el cuerpo y explota en llanto.
Creí que ya era suficiente espectáculo, pero cuando me disponía a irme en silencio, tropecé con algo en la penumbra. Me asomé despacito para ver si me había escuchado, y el me estaba mirando, le tiembla la barbilla y tiene la cara marcada por un río de lagrimas debajo de cada ojo. Sentado como indio tenía abrazado el torso de la chica.
Al verme, su rostro se desfiguro. Sin mediar palabra la soltó y se puso de pie. La respiración se le empezó a acelerar cada vez más. Correspondí levantándome sin perderle de vista, trate de correr y subir las paredes del arroyo, pero me pilló el pie y me tiro hacia abajo mientras gritaba que iba a matarme. Agarrado a las rocas pude resistir un rato, mientras me tiraba de un pie y me golpeaba la espalda, pero en un momento la piedra a la que me aferraba se soltó y me caí hacia atrás. Fue grande mi suerte de caer sobre él, me di vuelta rápidamente y tomando la piedra con un reflejo increíble, le metí un golpe firme en el pómulo. Después de eso los brazos cayeron desplomados a cada lado, y comenzó a dar pequeños saltos de cuerpo entero.
Me bajé de él y retiré la piedra de su cara, los huesos se habían hundido y la carne rota dejaba ver algunas muelas, también rotas.
No entiendo por qué, pero la imagen de los cuerpos, el honor a sangre y tierra fueron algo muy seductor.
Revisando el auto encontré un atado de cigarros, los tome prestados y fume algunos junto a la chica, acariciando el pelo y pensando en que la verdad me resultó un poco excitante todo esto, pero ¿¿¿golpear la cara del tipo??? Eso si fue un Diez.
Cuando la mañana empezaba a despuntar, creí que ya era hora de retirarme. Previamente revisé de nuevo el auto y pude encontrar algo curioso. En el asiento de atrás había una mochila, había un álbum de fotos que me hacían entender que la pareja estaba recién casada, y algunos papeles mostraban que habían pedido un préstamo hipotecario para comprar una casa. Los papeles de la propiedad estaban allí, aparentemente señaron con $500.000 y faltan pagar 5 millones. Revisé un poco más hasta que me quedé sin cigarrillos, aunque ya estaba de día quise buscar algo más para fumar.
Busque en los bolcillos del chico, pude encontrar solo algunos pesos y preservativos en la parte de adelante del pantalón, pero en la parte de atrás había un papel. Lo saqué y desdoble con cuidado.
La verdad creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad en mi vida, el papel delicadamente doblado, no es ni más ni menos que un cheque al portador por el total del dinero restante que faltaba para cancelar la casa.
Reí como un loco durante algunos segundos, pero el ruido de autos acercándose me devolvió a la realidad. Mire a mi alrededor, los cadáveres, el auto, el cheque. Todo podía dejarme un poco mal parado para la policía, así que comencé a correr tan rápido como pude en la dirección opuesta por dentro del arroyo.
Pasaron algunos meses hasta que me animé a usar el cheque. Nunca podría explicar de donde había sacado el dinero. Así que inventé como escusa que viajaría a Buenos Aires a buscar trabajo. Pero en realidad volví a la montaña, busque una cabaña en ventas que pudiera pagar y me instalé allí, por las noches me gusta salir a la terraza y mirar un poco al sur. Las velas y las cruces de madera que se alcanzan a ver en el puente me recuerdan que afortunado soy.

Capítulo siguiente

https://historiasparalasobremesa.blogspot.com/2021/02/camila.html

(Todos los jueves aparece una nueva parte o anexo de esta Historia )

Versión leída por Gibran HD.

https://m.youtube.com/watch?v=vVUwlTEu64g&t=9s&noapp=1&has_verified=1

En redes sociales: FABIAN LUQUEZ 


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Terror en la Montaña

Nahuelito y la mentira de papá

Lluvia y temblores