CAMILA (camila parte 2)
Siempre fui un ama de casa excepcional, la comida lista, la casa limpia y nunca me queje de los golpes, jamás ni una vez conteste un insulto y además por supuesto que mi cama siempre estaba disponible para cuando mi marido lo ordenara.
Gracias a eso cuando estábamos juntos los dos, todo era amor del bueno.
Ahora, los viernes yo sabía que tenía que acostarme temprano, porque cuando vuelve del asado con sus amigos, puede llegar enojado y se desquita conmigo sin que sepa por qué, o tira las sabanas al suelo y hay que tener sexo. Debo decir que esta última es la que prefiero, suele estar tan drogado y borracho que normalmente se queda dormido arriba mío.
Lo complicado es el sábado a la noche, yo me acostumbre a no preguntar ni cuestionar “los sábados son de caravana mami" me decía siempre, y yo no metía. Pero ese sábado, había estado viendo una serie de esas que te quieren hacer creer que todo es violencia y la verdad no se qué me paso.
El asunto es que cuando llego tipo 4,30 de la mañana no tuve mejor idea que cuestionarle por la hora, que por qué no salíamos un día nosotros dos juntos, que yo también quería salir, mala idea.
Dos días después, mientras íbamos de camino al odontólogo, le dije que me sentía mareada y que además todavía orinaba con un poquito de sangre, él me explicó que me ama, pero que yo no tengo que meterme con su vida y sus amigos que eso lo pone mal.
Si miramos en retrospectiva, un poco de razón tiene, si yo no le hubiera molestado esto no pasaba. Como dice mi marido “vos no tenés que ver esas boludeces que te llenan la cabeza”. Igual ahora ni aunque quisiera podría verlas, desde ese día tengo prohibido ver televisión, quizás sea mejor así. Después de todo él es un buen marido, siempre hay comida en la casa.
El odontólogo, cuando me revisó la boca encontró que la pérdida del incisivo y la fractura del canino, tenían que ver con un golpe. Dijo también que podía reparar la fractura del colmillo, pero que el labio superior necesitaba sutura, que buscaría alguien en el consultorio de al lado para que lo hiciera.
Lo que nosotros no sabíamos, era que mientras esperábamos, no estaban buscando cirujano. Habían pasado 15 minutos, y ya se empezaba a poner nervioso. Estaba sentada en la silla todavía, mientras Leandro me explicaba “la verdad que para mí no es nada, no hace falta tanta cosa. Pasa que vos sos una exagerada y ahora me vas a meter en quilombos a mí “justo cuando termino la frase se abrió la puerta y en lugar del dentista entraron dos policías.
Una buena mujer cuando ve a su hombre en apuros sabe lo que tiene que hacer, nunca soporte verlo llorar a Leandro. Así que cuando me tomaron declaración dije que estando en casa mientras mi marido trabajaba, habían entrado a robar y me habían golpeado, que justo el llego y me defendió, que la denuncia no la hice por miedo.
Con la historia del robo en dos horas ya estábamos saliendo de la comisaría, mientras los policías le daban la mano y le pedían disculpas, me miró de una manera que sentí miedo de verdad.
Yo sabía que todo esto era por culpa mía, para que jodí tanto con lo de los dientes, me la hubiera aguantado y nada de esto pasaba.
En el auto no hablamos. Cuando llegamos a la casa se fue a bañar y yo me quede sentada en la mesa, ni la luz me animé a prender, no sabía que cosa podía hacerlo enojar todavía más. Pero para mi sorpresa, salió se cambió y se acostó.
Fui hasta la cama, me saque la ropa y me quedé parada al lado de él por si quería que hiciera algo, pero ni me miró lo único que me dijo es que no quería tener sexo, que no podía creer lo que le había hecho.
La verdad que yo creo que tiene razón, así que sin decir nada agarré una sábana y con la ropa en la mano me acosté a dormir en la cocina otra vez, siempre me pasa lo mismo a mí, yo no aprendo más.
Como me sentía culpable, busqué en una cajita de la alacena la plata que tenía escondida y me puse a contarla. Cinco mil cuatrocientos ochenta y cinco pesos, con eso debe alcanzar, pensé.
Busqué toda la noche un alquiler para el viernes y encontré justo uno en medio de la montaña, decía algo así:
Cabaña para dos personas frente al lago, cama matrimonial, parrilla y piscina. La pieza posee puerta ventana que permite ver a la montaña y apreciar en noches de luna llena todo el dique. Posee un baño en la planta baja y otro en el dormitorio. Ideal para parejas jóvenes. No se permiten animales.
Después de sacar algunas cuentas y ver que me alcazaba para invitarlo a pasar un fin de semana allí, pude dormir tranquila y con una sonrisa, sabía que con esto me perdonaba.
Con tanta emoción me olvide de poner la alarma y se despertó antes que yo, cuando vio que todavía estaba durmiendo en el piso de la cocina y que no había desayuno, se sentó en la mesa y prendió la televisión.
Me quería morir cuando sentí ruido, me levanto tan rápido como puedo y me pongo a cocinar, con tantos nervios no me di cuenta de vestirme. Soy una tarada ¿quién se pone cocinar desnuda? Cuando le serví le té con tostadas, me dijo
- Sos un asco, ni loco me tomo eso, vestite primero y hace otro por favor – pero para mi sorpresa, lo dijo sin gritar.
Como lo vi más ofendido que enojado, me animé a contarle mi idea a penas terminé el segundo desayuno.
- Gordo, yo sé que estuve mal, ¿me dejas que te invite el fin de semana a la montaña? Yo tengo algo de platita guardada y en la heladera hay asado.
No me miró, pero dijo que sí. No puedo explicar la felicidad que yo tenía, esos días no hice más que pensar en todo lo que había que llevar, no quería arruinar la salida con mis distracciones. Llamé y la encargué para el viernes en la noche hasta el sábado a la tarde.
Solo que yo no contaba con que ese viernes era la final del campeonato que Leandro jugaba con los amigos, recién cuando eran las 20hs y no llegaba me acordé. Así que metí todo lo que había preparado en la despensa para que no viera que soy una tonta, llamé y por suerte me cambiaron la reserva para el sábado.
Cuando íbamos en el auto no cabía en mí de tanta felicidad, yo no pude imaginar nunca, como me cambiaría la vida ese viaje.
Al llegar nos atendió un hombre joven, tendría quizás 2 o 3 años más que yo, seguro no llegaba a los cuarenta, bastante atlético, de pelo oscuro y piel clara. Lo que más me impactó fue lo inquietante de su mirada, me incomodó varias veces cuando Leandro se daba vuelta a mirar algo que él señalaba.
Después nos quedamos solos. Mientras mi marido prendía fuego para el asado, bajé todo el equipaje, acomodé la pieza y la cocina.
Preparando la picada me di cuenta que la cerveza se había calentado. Para que no se enojara le dije que iba hasta el negocio que había a unos metros a comprar facturas.
Volvía con las bolsas en la mano, cuando vi sobre la terraza contigua al dueño de las cabañas, me miraba fijo, pero había algo tan atractivo en él que yo también le clave vista sin poder dejar de hacerlo.
Gracias a Dios, comimos sin sobre saltos.
Cuando preparaba la media tarde sentí voces a fuera. Leandro y el chico de las cabañas hablaban, de terraza a terraza.
- Vení tomate algo conmigo – dijo Leandro mientras con un ademán me indicó que me llevara la media tarde.
- ¿Vos decís? - le contesto
- Si dale, tengo ganas de tomarme algo con alguien. Hablemos algo de hombres un rato.
Yo estaba adentro tomándome el té, golpeo la puerta y después abrió.
- ¿Permiso se puede? - dijo mientras se asomaba. – soy Román, su marido me invitó.
- Hola, me llamo Camila, Leandro está afuera – intente ni si quiera mirarlo, pero él era bastante atrevido y se me acercó.
- Es de mala educación no mirar a la cara cuando uno habla, y es un desperdicio si alguien tiene unos ojos tan lindos y no te los presta una miradita.
Debo decir que me sonroje toda, hace mucho tiempo que nadie me decía algo lindo.
- Román, ya le dije que Leandro está afuera
- Si perdón, solo una pregunta. ¿Qué te pasó en el labio?
- No sea atrevido, no corresponde que una mujer casada hable con otros hombres.
Cuando Román estaba por contestar entro Leandro. Se saludaron como viejos amigos y se fueron con dos cervezas.
Cada vez que llevaba algo Román me miraba de maneras que me incomodaba mucho.
Entrada la noche ya parecían estar los dos muy borrachos, Leandro insistía en que se quedara a comer y nuestro invitado puso como condición que primero se tenía que bañar para recuperarse un poco.
Como casi siempre que estaba borracho, a Leandro se le ocurre solo una cosa, sexo.
Estábamos con la luz apagada en la pieza de arriba, vale decir que esta pieza tiene una puerta ventana que da al lago y cuando hay luna llena, es muy sensual hacerlo en la penumbra.
Estaba acostada boca arriba y Leandro entre mis piernas cuando vi que algo se movía en la terraza. De reojo note que alguien miraba.
Por cómo estábamos mi marido no podía notar que Román se había sentado a fumar un cigarrillo mientras disfrutaba de la escena. Podría haber dicho algo, pero la verdad me excitaba mucho, como hace años no me pasaba.
A los pocos minutos la actividad empezó a mermar, y como casi siempre Leandro terminaba el acto durmiéndose sobre mí. Antes no me había pasado, pero esta vez eso me dio mucho asco
Me lo saqué de encima como pude, lo acosté y salí a la terraza envuelta en mi bata blanca.
- ¿Fumas? – me dijo estirando un atado.
- No, ya no, a Leandro no le gusta que fume – dije sin mirarlo a la cara.
Ahora tenía una mezcla de vergüenza y excitación.
- No te hagas problema, Leandro va a dormir un rato.
- No, siempre se duerme, pero se despierta enseguida
- No, esta vez no. Lo sede con unas pastillas en la cerveza.
Primero sentí como un escalofrío, pero la excitación me duraba. Y la verdad me alegraba que no tuviera que preocuparme esta vez.
- Y… ¿cómo cuánto va a dormir?
- Toda la noche al menos.
- ¿Tomamos algo entonces? – le pregunte ya más suelta de ánimos, como hace años no me pasaba.
- Si, claro. Es lo que más quería – dijo dibujando una sonrisa casi perversa
- Ahí te traigo algo.
- No, ni lo pienses. Yo sé a donde está todo. Vos sentate tranquila.
En cinco minutos, apareció dos copas y una botella de vino. Cerro las cortinas de la pieza y se sentó.
- ¿por qué una chica como vos se deja tratar así?
- Sabes que ahora me gustaría ese cigarrillo- dije mientras tome toda la copa de vino
Me paso el atado y me sirvió otra vez vino.
- Mi vida siempre fue complicada y Leandro me ayudó a salir de mi casa.
- Pero tampoco podés permitir que te haga lo que te hace
- Ya lo sé, pero ¿qué otra cosa puedo hacer?
- Cualquier cosa, pero esto no está bien.
Hablamos un rato largo y el vino ya me empezaban a marear.
- Y ¿qué hay de vos? - dije para salir del tema.
- ¿Yo?, nada tuve un golpe de suerte y me encontré con una plata. Compre acá y desde entonces vivo tranquilo. Solo que no me gusta tanto estar solo. No hay mucho más que contar.
- ¿Estás sólo?
- Si, tengo una forma de ser un poco particular. No lo entenderían muchas personas.
- Bueno creo que somos dos incomprendidos entonces – dije mientras me levantaba para ir hasta la baranda para mirar el paisaje, pero el alcohol me traicionó y perdí el equilibrio, caí en el piso de rodillas y sentándome de lado me agarro un ataque de risa.
Román que es muy atento, me ayudó a levantarme, pero me costaba mucho mantenerme de pie. Caminamos hasta la baranda y se quedó a mi lado, mirándome a los ojos fijo como siempre.
Podía sentir como la excitación desde mi entrepierna me hacía palpitar el corazón, sin intención de contener mi impulso me abalancé sobre él y comencé a besarlo. Correspondió tomándome de la cintura y me acorraló contra la baranda, bajo la luz de la luna me beso como nadie lo había hecho antes.
Pero en medio de tanto deseo, de tanto alcohol y pasión sentimos un ruido y al voltear Leandro estaba parado a dos metros nuestros con la botella de vino en la mano.
Le dio un golpe seco a Román en la cabeza, cuando éste cayó al piso se le tiró sobre encima y lo golpeó en la cara varias veces.
Yo estaba atónita, no sé en qué momento agarré la botella y por la espalda traté de golpear a mi marido, pero se dio cuenta, me esquivó y la botella se reventó contra la baranda de la terraza.
Ahora el problema es mío, empezó a caminar hacia a mí con la mirada desencajada, yo retrocedí hasta quedar contra la pared.
Cuando levantó su mano, por instinto lancé un golpe con los ojos cerrados.
No había notado que todavía sostenía en mi mano el cuello de la botella rota.
Para mi sorpresa el golpe no llegó nunca. Espere al menos 3 segundos que me parecieron una eternidad, pero nada.
Cuando abrí los ojos, Leandro se agarraba el cuello con las dos manos en un río de sangre espeso que brotaba a borbotones entre los dedos y le manchaba el pecho desnudo.
Vi en sus ojos el temor, y sentí en mi cuerpo el rencor. Apreté el cuello de la botella entre mis dedos para que no fuera escaparse y lo apuñale, lo apuñale por cada golpe que me dio, lo apuñale por cada insulto que me dijo, por cada vez que me penetro con su falo asqueroso, lo apuñale por cada lágrima que me robo. Cayo al piso, y me monté sobre él, me quité la bata para que viera los moretones en mi desnudez, en sus ojos se escapaba la vida y comencé a menear la cadera excitada, lo monté por última vez en un río de sangre, pero no me importó porque ahora la sangre no es mía.
Me acerqué a su oído y le dije con vos sensual – esta vez te quedas dormido para siempre papi- y lo apuñalé una, otra y otra vez.
En medio de todo vi que Román se levantaba, caminó con una sonrisa y sin sorpresa hasta mí. Me tomo de un brazo, me ayudó a levantarme otra vez, me miró a los ojos y me beso de nuevo.
Todo mi cuerpo estaba manchado de sangre y no le importo, me beso los pecho mientras Leandro con la mirada perdida respiraba cada vez menos, entonces me acosté a escasos centímetros de mi marido para que lo último que viera es como Román me hacía suya.
Cuando su pecho no se volvió a inflar y sus ojos se dilataron supe que ahora era una mujer libre y tuve un orgasmo como jamás había tenido.
Anexo siguiente
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Todos los jueves aparece una nueva parte o
anexo de esta Historia

Es muy interesante y la primera parte me gustaria leer la
ResponderBorrarTodas tenemos o tuvimos un germen de Camila.
ResponderBorrarUn poco inesperado el final😑 . Buena historia, me gusto!!
ResponderBorrarSe pone cada vez mejor..cada capitulo un exito
ResponderBorrarAsombroso final.... desde el principio tuve ganas de que al tipo le pasara algo... pero cuando apareció este personaje de las cabañas, supuse que la historia tomaría otro rumbo... y vaya si lo tomó!! admiro la creatividad y la simpleza para narrar... te sumergís en la historia desde el primer instante.... y no querés emerger hasta el final... Felicitaciones!
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