Me Llamo María (Camila anexo 1)

 




Me llamo María, soy una mujer mayor pero la verdad que, aunque todos lo crean, no soy boluda.

Mi marido miente, y la gente del hotel lo cubre, siempre siguen sus juegos. Yo hace rato que me di cuenta.

No recuerdo bien desde cuándo, pero hace ya algún tiempo que estamos en las afueras de la ciudad en este hotelucho, lleno de viejos.

La verdad que pedí mil veces ir a ver como había quedado la casa después de la inundación. Luis insiste en que no podemos ir todavía porque no han desinfectado, que hay mucha peste en el barrio. Yo ya no le creo nada.

Pero eso no es lo que me preocupa tanto, lo que más me tiene molesta es que él si va a dormir a casa, y todos los días viene en la tarde, trae tortitas y facturas para tomar los mates. Sin embargo, nunca se queda a dormir.

No es que este imaginando cosas como dicen, yo vi que el otro día en la bolso había un regalo escondido debajo de la campera, pensé que me sorprendería, pero no. Se fue sin decir nada.

Tiempo después estábamos en el patio del hotel y se fue al baño, como queda un poco lejos tuve tiempo de revisar su billetera y encontré un recibo por pañales y cremas. Fue entonces cuando ya no aguanté más los celos y decidí que iba a seguirlo.

Pero como dije, la gente de aquí lo cubre, seguramente los ha sobornado para que no me dejen salir y lo descubra todo.

Hubo tres días de lluvia donde solo nos podíamos bajar al hall.

Luis me llamó avisando que solo podría pasar un segundo a verme porque tenía cosas que hacer. Supe enseguida que era ahora o nunca.

Por la lluvia los chicos que cuidan la salida del patio estaban junto con los de recepción, nadie me vería si salía por el fondo.

Cuando mi marido llegó, estaba nervioso y algo apresurado, me saludo con un beso, preguntó cómo estaba y enseguida dijo que lo disculpara, pero que seguro la casa se estaba inundando de nuevo que se tendría que ir a colocar las compuertas urgente.

No tuvo tiempo de darse cuenta, que yo esta vez debajo del camisón de todos los días, llevaba pantalón y en lugar de pantuflas zapatillas.

Estaba indignada por la falta de atención. Hace mucho que me tiene encerrada acá y estoy segura de que tiene una aventura. Antes venía todo el tiempo y pasaba todo el rato haciéndome reír y veíamos fotos de cuando éramos jóvenes, mirábamos alguna película, hasta llego a teñirme el pelo y lavarlo con sus propias manos.

Pero ya nada es como antes, las canas me cruzan la cabeza al igual que las arrugas la cara, pero a él parece no importarle. Inclusive también debería teñirse, aunque no le queda mucho pelo, la doble vida de una atorrante te consume.

Esta vez, se va a acabar, hoy me entero de todo cueste lo que cueste.

En el beso de despedida, pensé que había sospechado algo. Al besarme sentí un frío húmedo que corría por mi mejilla hasta la barbilla, cuando se alejó, vi como algunas lágrimas se le caían. Entonces pensé en darle una oportunidad – ¿te paso algo Luis? Te veo raro hoy- me miro con ternura y sin responder sacudió la cabeza, me beso la frente y con la voz quebrada me dijo – chau bonita, nos vemos mañana.

Eso fue lo que más me dolió, parece no tener corazón para mentirme así en la cara ¿Cómo alguien puede jugar a quererte mientras se está yendo a la casa de otra?

Al salir, note que no fueron a acompañarlo, seguro por que estaba lloviendo a cantaros.

Espere unos segundos, mire alrededor y cuando no vi a nadie, cruce el patio tan rápido como pude, ni si quiera mire atrás, llegue a la portón lo abrí y corrí por la vereda dos cuadras.

Levanté la mano al primer taxi que encontré, le di la dirección de casa. Podía intuir que este caradura estaba en allí con alguna atorranta.

Al entrar en las calles del barrio debo admitir que no las reconocí con facilidad, todo está muy cambiado, pero no hay rastro de inundación, eso lo puedo asegurar.

Nuestra casa queda doblando en la esquina de la 24 y la 33, por eso le dije al taxista que me dejara sobre la 24, para llegar caminando sin que me vieran, quería agarrar a Luis con las manos en la masa.

Yo no entiendo como en tres semanas pudieron crecer tanto los árboles, para colmo de males tiraron mis plantas y pintaron la casa. Me dio un dolor en el pecho muy grande, parecía que hace años no viniera, inclusive me asaltaron muchos recuerdos que no creía tener en la memoria.

Pero a eso no es a lo que venía, abrí la reja sin hacer ruido y traté de hacer lo mismo con la puerta, pero estaba enllavada.

No podía creer que tuviera que golpear en mi propia casa.

Antes de anunciarme, decidí mirar por la ventana, y descubrí que tenía razón, una chica de unos 35 años se pasea por mi casa, como si fuera suya.

Estaba a punto de gritarle algo, pero ella abriendo la heladera dijo – Luis ¿no le queda leche? - mi marido apareció le ayudo a revisar los estantes de abajo y le dijo que – vos no te agaches, lo que te haga falta me lo pedís a mí.

No podía creer, haciéndose el galán con una piba, un hombre tan viejo. Y para colmo me sacó de mi propia casa para traer a esta cualquiera a dormir en mi cama. Y si todo eso fuera poco, la mina tiene como 7 meses de embarazo, ósea que a me saco de acá para traerla a ella porque estaba embarazada.

Esperé a que Luis saliera de la cocina y golpeé la puerta, la chica atendió sin sospechar.

-        Hola ¿qué necesita? – me dijo con una liviandad terrible.

Seguramente este viejo de mierda le ha mentido con que es soltero o viudo.

-        Yo te voy a contar lo que necesito atorranta – le dije mientras la agarraba del pelo.

Empezó a resistirse, pero cuando nos caímos la piso, solo se agarró la panza, entonces aproveche y entre gritos de ambas la arrastre de los pelos hasta la cocina de nuevo.

Ella solo gritaba “amor” “Don Luis” “auxilio”.

A los pocos segundos sentí que alguien venía corriendo.

Me di vuelta para agarrar algo y tirarle a Luis cuando entrara.

Sobre la puerta blanca de la heladera había fotos pegadas con imanes, y la memoria me asalto de nuevo.

En la primera yo era joven y estaba embarazada, en la otra estábamos los dos también jóvenes y con un bebe, en la otra ya maduros con un chico de unos 14 años, luego ya grandes en lo que parece un acto de colación, una más, pero esta solo mi esposo esta con el chico y la chica embarazada, pero ella ahí no tiene panza. Por último, Luis y yo muy viejos ya, en unos sillones en medio del patio junto al cartel de siempre donde acostumbro a colgar mi campera.

Entonces entró el chico de las fotos en la habitación, mirándome con estupor me dice – pero ¿qué hiciste?

Yo solo podía pensar en que nunca le había prestado atención al cartel donde todos los días cuelgo la campera hace años.

La memoria me asaltó en un segundo.

-        Perdón hijo, yo no me acordaba – lo dije con mucho dolor mientras seguía pensando en lo que decía el cartel

Bien venidos Hospital Psiquiátrico Dr. Marcos Rimoldi.

Capítulo siguiente 

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(Todos los jueves aparece una nueva parte o anexo de esta Historia )

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Comentarios

  1. Muy buen relato!! Confieso q me anticipé al final, pero igualmente me mantuvo con la intriga un buen tiempo..

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