SECRETOS (Camila cap 4)
Los siguientes días note muy raro a Román, parece ocultar muchas cosas.
De verdad no me preocupa mucho, pero todo esto se vuelve monótono muy rápido.
La intimidad es como la de cualquier pareja, inclusive, es otro de los aspectos donde él parece ocultarse bien. Siempre es muy atento y romántico, no logro sacar la bestia que habita en ningún momento.
A veces cuando estoy aburrida trato de hacerlo enojar con alguna excusa, para ver si consigo algo de acción en la alcoba, pero no hay nada que lo ponga mal. Cuando parece qué por fin lo he conseguido, hace una mueca como de extrañeza, frunciendo las cejas, mira el techo, respira profundo y termina con un “puede ser que tengas razón”, “es verdad, yo estoy equivocado” o inclusive “la verdad te pido perdón, vos tenés razón”.
Cansada de la pasividad dentro de la cabaña he decidido ponerme a hacer algo.
Una tarde bajé hasta el centro de la ciudad, fui en el auto. La verdad, esperaba una reacción de Román, no se algo como “¿a dónde vas sola?”. Si no recuerdo mal, entre nosotros hay un secreto, algo como un Homicidio me parece. Pero cuando me vio que subía al auto con lentes oscuros, frunció el cejo como siempre, camino derecho hasta mí, y dijo:
- - ¿Vas a salir?
- - Si, estoy aburrida. Quiero despejarme un poco – le contesté con un tono indiferente, para ver si le generaba algo, pero aquí reina la pasividad.
- - Bueno, genial. Yo preparo algo de comer. Solo envíame un mensaje antes salir para que todo esté listo a tiempo
Me besó sin más y se fue a seguir con sus cosas.
Ya en el centro, gasté lo último que me quedaba de Leandro en comprarme ropa para hacer ejercicio, me senté a tomar cerveza en un bar cerca del parque y miraba las personas pasar. Es increíble lo intrascendente que se vuelve todo.
Mi vida dio un giro del 100%, pero sigue siendo muy aburrida.
Y como siempre que me aburro, empiezo a pensar en distintas cosas, esta vez en Román.
Si repasamos lo que sé de él, es solo que tuvo una vida genial, la madre se puso loca, tenía una novia, la madre se escapó del loquero, la chica pierde el bebé, lo deja, se va con otro y Román un día hace lo suyo.
Después de eso, no se nada. Ni siquiera sé de que vive, ¿de dónde sacará plata? ¿será que en verdad existe el dueño de las cabañas? y lo que es de mucha mayor intriga para mí ¿Qué es lo que oculta? ¿Quién es el tipo de la otra noche? ¿acaso estoy en peligro?
Son muchas preguntas y yo sigo aburrida. Pero por suerte la cerveza me sirve de inspiración, 4 vasos más tarde, justo en ese punto donde ya no se si debo levantarme para ir al baño, se me ocurrieron nuevas preguntas. ¿Qué hizo con Leandro? ¿será que me quería sacar de la casa? Quizás por eso no le importó que me fuera, es más quizás cuando vuelva él ya no esté. Después de todo acá la única que en realidad ha matado a alguien soy yo.
Para entonces ya no era importante si podía caminar o no, lo único que se me ocurrió es volver cuanto antes para ver si estaba, y en caso de que así fuera, encontrarlo con las manos en la masa. Seguramente había algún motivo para quererme fuera de la cabaña.
Por supuesto que no iba a avisarle nada, por el contrario, le envié un mensaje de que llegaría tarde.
De regreso a la montaña, solo recuerdo algunos episodios donde el auto se caía a la banquina, o cuando aparecían luces de frente o las bocina de los autos.
Llegué justo cuando entraba la noche, estacioné bajo unos árboles, donde hay una sombra muy oscura.
Bajé del auto con dificultad, saqué del asiento trasero las bolsas para disimular mi llegada. Pero cuando giré, mi pie todavía adormecido por el alcohol se dobló tirándome contra el suelo. No atiné a poner las manos y me di la nariz de lleno contra una piedra.
Sentada en el piso llena de tierra, con todas las bolsas desparramadas, me pasé la mano por la cara y vi que perdía mucha sangre.
- - ¿Estas bien? – escuche desde el otro lado del auto.
Me asusté un poco, traté de levantar todo y salir lo más rápido que pude, pero el tobillo no me lo permitió. Caí al piso de nuevo, esta vez sentada por suerte.
- - Con cuidado te vas a lastimar – repitió la voz más dulce que jamás había escuchado.
Tomandomé por debajo de los brazo y con dificultad me ayudó a ponerme de pie, abrió la puerta trasera del auto y me sentó dentro.
Cuando se alejó de mí para recoger las cosas que habían quedado desparramadas en el suelo, la vi por primera vez, en la luz su cabello negro era hermoso, llegaba casi hasta la mitad de la espalda, los rulos le atestaban la cabeza, de figura es esbelta, delgada, viste muy bien
Se volteó mirando al suelo, parece que trata de revisar que no falte nada. Cuando levantó la vista, noté en ella una niña, no debe tener más de 25 años.
- Huy te sale un motón de sangre
- Si, gracias. Pero no te hagas problema, vivo acá enfrente. Ya puedo sola, gracias.
- Si, te he visto desde hace algún tiempo. Yo vivo en la cabaña que esta cejado hacia aquel lado.
- ¿sí? No te había visto.
- Es que no salgo mucho, prefiero ir a caminar de noche, porque no conozco a nadie y me siento mejor sola, me ayuda a pensar.
- Bueno gracias, pero tengo que entrar.
Justo cuando decía eso, hice un ademán señalando la casa. La chica se movió para mirar según mis indicaciones, vi que detrás de las cabañas, había un auto estacionado en la oscuridad. Estoy segura de que es el de la otra noche.
- Perdoná, al final me ayudaste y ni te pregunté el nombre – me parece que esta chica puede tener algunas respuestas a mis dudas, después de todo vive casi enfrente.
- Daniela, es mi nombre, ¿el tuyo?
- Que lindo nombre, ¿puedo decirte Dani la salvadora? – trate de sonreír un poco y entrar en confianza – yo me llamo Camila la sangrienta.
Daniela se reía con toda la boca, era de esas personas que muestran los dientes y fruncen la nariz.
Nos quedamos unos minutos hablando mientras yo con una de mis flamantes remeras cortaba la hemorragia. Inclinaba la cabeza hacia atrás y trataba de ver por su costado si alguien se dejaba ver dentro de la casa.
No creo oportuno interrogarla sobre Román y el otro sujeto, podría parecer sospechoso.
Se me ocurrió invitarle a que mañana fuéramos juntas a caminar. Se mostró muy contenta, y con un gesto eléctrico, como todos sus movimientos, me ofreció ayudarme a llegar a la puerta de la cabaña.
Después de algunos intentos logre que desistiera de ello y me dejara sola.
Pocos segundos después, mientras hacía de cuenta que acomodaba cosas en el auto ella entraba a su cabaña.
Dejé todo, agarré el celular y pasé por el detrás de la cabaña de Román, la que se suponía desocupada.
Quería revisar con la linterna el auto que había en el fondo, pero cuando pasaba por debajo de la terraza los escuché.
Una voz la reconozco con facilidad, es de Román, pero la otra voz es tan gruesa y ronca que resulta imposible entender que dice.
En ese momento esperé debajo de ellos, hacia el máximo esfuerzo por entender la charla, pero no había caso.
Mi segundo plan, tiene que ver con entrar a la casa sin que me escuchen, quizás pueda acercarme lo suficiente para poder escuchar sin que me vean.
La puerta estaba cerrada, pero las cabañas son iguales, yo sé que del otro lado hay una ventana en el living, como es la única de ese lado, siempre esta abierta para que entre aire a la planta baja.
Me escabullí hasta la cocina, todo estaba muy oscuro. Solo la luz de la calle entraba a penas en la cabaña.
Comencé a subir las escaleras de madera, parecían crujir bajo mis pies como si pesara 100 kilos. Miré hacia abajo, intentaba pisar justo al lado de la baranda, es el lugar más firme.
Cuando estaba por llegar al último peldaño, algo me tomó del cuello, eran unas manos duras y rasposas, me levantó por el aire con violencia, volé sobre la cama y una masa amorfa y terriblemente pesada se arrojó sobre mi.
El fétido olor que emanaba, se impregnaba en mi nariz.
- Nooooo, dejala. Es ella de quién te hablé – interrumpió la voz de Román en el cuarto
De un momento a otro estaba libre, pero aturdida, todavía el aire no volvía del todo a mis pulmones. Tocía un poco y trataba de reponerme, cuando me tomo de la muñeca y me levantó de la cama con una fuerza descomunal.
Frente a mí una figura humana, más parecida a un oso, por contextura y hedor.
- ¿Qué hacías en la oscuridad? – resonó la voz ronca en mi oído, liberando aliento a vino. Todos sus gestos eran violentos.
- Llegué hace un minuto, al lado no había nadie, sentí ruidos y pensé en sorprender a Román, no sabía que estaba con alguien. – desde que Leandro no esta, no había vuelto a tener tanto miedo
- Vamos a calmarnos – decía Román al tiempo que me tomaba de la mano y se interponía entre el apestoso gigante y yo
El sujeto se enderezó y note que casi le saca una cabeza a Román, es gordo, usa barba y tiene el pelo desordenado. No pude identificar su cara en la oscuridad. Solo se que no voy a olvidar fácilmente su aliento avinagrado.
Miró a Román a los ojos por un segundo, le puso una mano en el hombro y con la otra lo abofeteo amigablemente
- Me debes un vino pibe, casi te la rompo toda. Enseñale modales.
Se dio vuelta, y en medio de la oscuridad bajó pesadamente las escaleras.
Salí a la terraza, pero nunca volteo y no pude ver su rostro.
Cuando miré hacia atrás Román me interrogaba con la mirada:
- Y este ¿Quién es? – me apresuré a increparlo antes de que él lo hiciera
- Es un amigo, ¿Qué hacías en la escalera?
- ¿Cómo se llama? o ¿es un secreto?
- Fernando se llama, y no es un secreto. Es un tipo jodido, no le gusta la gente.
- Se nota, porque te visita a vos.
- Perdóname, pero a vos ¿te pasa algo?
- Si, si me pasa algo. Que de vos no sé nada y me estas escondiendo cosas.
Román trato de escapar a la conversación, entonces decidí que no iba a permitírselo. Cuando insistí con las preguntas, se dirigió a la puerta, entonces agarré una de las reposeras y la tiré contra él, le dio justo en la espalda. Trastabilló un poco y se afirmó en la pared.
- Vos estas loca – me dijo mirándome fijo, usando ese tono de voz tan especial, casi un gruñido.
- Si, y que vas a hacer cagón. Nadie me va a dejar hablando sola de nuevo. – sentía como hervía la sangre en mi cuello.
- ¿Qué te pasa? – se paró frente a mí, apoyando su frente contra la mía, apretando los dientes y punzando sobre mis ojos con su mirada.
- No te tengo miedo – le asesté un golpe de puño directo a al ojo, cuando retrocedió salté sobre él. Enrede mis piernas por su cadera y cruce los pies en su espalda. Le di varios golpes en lacara mientras el perdía el equilibrio y caía de espalda.
Cuando estuvo en el piso, dejó de cubrirse. Retiró las manos y tomo mi cintura.
Dí algunos golpes más, agarré con mi mano derecha el pelo de su nuca, con la izquierda le tomé el mentón y doblegándolo le susurré al oído.
- Nunca más me va a toca nadie ¿entendés papito?
No sé por qué, pero mientras hablaba sentí de nuevo ese ardor en la entrepierna que me hace perder la cordura. Lamí su mejilla y volvimos a la pasión desenfrenada que nunca consigo por las buenas
Cuando todo había pasado, Román estaba en bóxer fumando, apoyado en la baranda mirando al lago.
- ¿Qué es lo querés saber?
- No sé, algo. Tengo muchas preguntas y vos no me das ninguna pista. He llegado a pensar que puedo estar en peligro
Volteó a mirarme y mientras señalaba su rostro magullado dijo – ¿vos en peligro? Y ¿Qué queda para mí?
reímos un poco, después entró en la habitación. Encendió la luz y sacó de debajo de la cama algunas cajas.
- ¿Te acordás de la historia que te conté? – asentí con la cabeza – bueno de eso hace como 5 años en verdad. Entonces las cosas eran como te dije.
Compré la cabaña de buena ley, pero en la de al lado vivía el viejo.
Con el correr de los días, nos hicimos amigos. Entonces supe que no tenía a nadie, ni familia ni nada, al parecer no había sido buena persona en su vida pasada.
- Parece que nos juntamos sin querer algunas personas – agregué a modo de chascarrillo
- Si, es verdad.
Continuado, la policía empezó a hacer preguntas al poco tiempo. Parece que lo increparon en el negocio que esta a una calles. Ese mismo día pateó la puerta y se metió en mi cabaña.
Me dijo – fuiste vos hijo de puta – me miró fijo por un segundo y salió corriendo a su cabaña. Fui detrás de él para tratar de tranquilizarlo, no quería perder el único amigo que tenía.
El rostro de Román dice la verdad, estaba triste, pero siguió con el relato sin hacer pausas.
- Cuando entré no lo encontré, lo escuche tirar cosas arriba en la habitación. Subí y cuando se dio vuelta tenía una pistola en la mano.
- Vos no tenés idea quién soy yo pendejo – y me apuntó a la cabeza, con un pulso tembloroso – a esta altura de mi vida lo que menos quiero es a la policía cerca.
- Perdón, perdón, yo no sabía que esto iba a pasar – le pedí piedad, Camila te juro que pensé que me iba disparar, me arrodillé en el piso y comencé a llorar.
Los ojos se le habían puesto llorosos, y muy lejos de la bestia de hace unos segundos, ahora veo en él un muchacho asustado. Pero lo dejé continuar.
- Entonces me agarró de los pelos, me dobló la cabeza hacia atrás, me abrió la boca con la punta del arma, y gatilló. Cerré los ojos fuerte, pero no pasó nada. Entonces entreabrí un ojo y tenía un gesto de sorpresa.
Gatilló dos veces más, pero no pasó nada. En ese momento se le desdibujó la cara, lo invadió el miedo.
Corrió hasta el ropero, abrió la puerta del estante más alto y agarró un bolso gris, se le cayó al piso y se desparramaron un montón de dólares y balas.
Le salté encima, pero me golpeó la cabeza con la pistola. Quedé aturdido y el saltó la cama, lo seguí hasta acá. Cuando se vio contra la baranda sin escapatoria se quedó helado. Corriendo de un solo movimiento rápido, lo tomé de la cintura y lo tiré de la terraza. Cayó los 4 metros, y se retorcía en el piso.
Busqué el arma, la cargué tan rápido como pude.
Di la vuelta corriendo, pero cuando llegué al patio, había un tipo parado.
Fue la primera vez que vi al manco, se había parado al lado del viejo, lo miró con desprecio y luego a mí. Con un gesto me indicó que me acercara, pero yo no me moví.
Se acercó, me quitó el arma de la mano sin que yo opusiera resistencia.
Siempre recuerdo que sus ojos nunca se despegaron de los míos, solo movió la mano y disparó dos veces.
Con su pestilente voz me dijo – la vida no es un juego pibe – y se fue.
Yo estaba muy nervioso, no sabía que hacer con el cuerpo.
A los pocos minutos entro un auto destartalado, mientras se bajaba me dijo – yo soy el manco, y ahora vos estas en deuda conmigo. En unos días voy a volver para que hablemos – cargó el cuerpo y desapareció sin decir nada más.
Desde entonces siempre viene a buscar plata.
yo prestando atención a la historia pude cerrar algunas preguntas
- Entonces Leandro…
- Si, el manco también se lo llevó. No se qué es lo que hace, él nunca hace preguntas, ni tampoco te da detalles. Creo que mientras no me falte la plata no va a ser un problema.
Pasamos un rato más hablando de los detalles de la historia. Román es muy buen contador de historias y a mí me apasionan.
Después me pregunto si quería ver algunas cosas, y conteste que sí
Desde el estante más alto del ropero, sacó el bolso gris. Había muchos dólares, pesos, relojes, un teléfono y la billetera del viejo.
El Documento decía Segundo Álvaro Marquez, nacido en 1948. Mientras revisaba Román había encendido el teléfono, y empezaron a entrar mensajes de todo tipo.
Nos sirvió para entretenernos algunas horas revisando todo. Resulta que mucha gente había escrito para alquilar las cabañas, uno de esos mensajes entró justo cuando lo tenía en la mano.
“Hola Soy Romina, están alquilando”
Se me dibujó una sonrisa en la cara y parece que Román precintió algo.
- ¿Qué pasó?
- Una chica envía mensaje para alquilar una cabaña, parece que el viejo las tenía publicadas.
- Y ¿Qué con eso?
- Nada, que podríamos decirle que sí
- Y para ¿qué? – note que desconfiaba de mis intenciones- no nos hace falta plata
- Si, ya sé. Pero para entretenernos un poco. Tu amigo el manco ¿todavía te hace favores”?
- Pero ¿Qué estas diciendo? – se transformó es una mezcla de sorpresa y temor- no sabés quienes son.
- ¿y? mejor, ¿Qué importa?
- ¿Cómo que importa? Es gente inocente, no podes hacerle cosas a las personas porque estas aburrida.
- No seas así, vos sabes que ciertas cosas me ponen cachonda.
Me quitó el teléfono bruscamente de la mano – es gente inocente, te prohíbo que les hagas daño.
La verdad que no me gustó nada que me hable así, pero yo se que nadie puede decirme que hacer y que no.
Cuando se entró a bañar, agarré el teléfono que estaba sobre la mesa y retomé la conversación.
“Hola soy Camila 😊 ¿para cuándo te hace falta?”
Les pido por favor dejar en un comentario ¿qué les pareció?
En redes sociales: FABIAN LUQUEZ

Esto es fuerte! Yo preocupada por Camila y se han desatado los demonios
ResponderBorrarEs increíble el giro que le has dado, te felicito y de verdad no lo esperaba, atrapa cada vez más....
Felicidades Fabián seguiré acá al pendiente de cada capítulo
No me lo esperaba, cada capítulo me cautiva mas y mas... Me encanta!! excelente trabajo Fabián
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