Yo soy Daniela Forlán... (cap 7)

 



Mi nombre es Daniela Forlán, hija de Ernesto Forlán y Nora Sevilla, hermana de Juan Diego Forlán. 

Grupo Forlán, es dueño de Bodegas y Viñedos Forlán. El imperio de papá, es uno de los mayores exportadores de vinos a Europa y el este de Asia. Premiado por los mejores Malbec 12 veces en los últimos 20 años.

La división inmobiliaria tiene dos edificios gemelos en pleno centro con 38 apartamentos cada uno, además de otros 25 apartamentos en Uruguay.

Flota de camiones y utilitarios.

Entre otros grupo de acciones en la bolsa.

El negocio familiar de los vinos lleva 4 generaciones en la familia. Hace más de 200 años desde que llegaron de España directo a Mendoza. Participaron políticamente en la independencia de Argentina, aportando hombres y dineros a la campaña libertadora.

Papá siempre decía que el lema de nuestra familia era “No dejamos nada sin resolver" Esto muchas veces tenía que ver con los negocios. Aunque debo reconocer que no soy tonta, muchas veces el apellido Forlán se ha ensuciado las manos. Por algo el abuelo y papá nunca salían de casa sin el arma y su chófer.

Si algo teníamos, es que los pactos de silencio eran eternos. Nuestros problemas familiares nunca podían hacerse públicos. Un eslabón débil arruina una cadena completa, es otra frase del abuelo.

En lo que a mí respecta, en un principio, me amargaba mucho e intenté luchar contra el machismo que encerraba este círculo. Las mujeres no opinamos, no hablamos casi. Solo heredamos y gozamos de la fortuna, repetía una y otra vez mamá.

Con el tiempo, lo entendí. Desde entonces me dediqué a formarme en arte y darme cuantos lujos estuvieran a mi alcance.

Mi hermano Juan, era para papá su talón de Aquiles, todo su imperio posaba sus hombros. Desde chico, mientras yo jugaba en el parque, mi hermano tenía que pasar horas aprendiendo de negocios, o sentado a su derecha en todas las juntas de negocios que habían en la sala de reuniones.

Creo que por eso fuimos tan diferentes. Yo amaba los lujos y los viajes, él solo trabajaba. Antes de Mariana Becerra, no había tenido nada mas que las miles de aventuras que un millonario de 30 años puede tener.

Pero Mariana, para él, era otra cosa. Se enamoró en un viaje, ella estaba con algunas amigas y el intentó invitarle un trago. Seguramente, lo que más le llamó la atención es que ella no cedió.

El no estaba acostumbrado a ser rechazado. Tanto quería saber de ella que me pidió ayuda. 

Por redes sociales me acerqué a Mariana, pero tenía pareja. Sin importarle nada, prácticamente Juan la acosó durante casi un año. Pero quedó embarazada. 

Se puso triste, aseguraba que si él no hubiera estado tan ocupado en negocios, podría haber hecho más.

Papá nunca lo entendió. “Hijo es solo otra mujer" repetía cada vez que lo encontraba ocupado con el tema.

En menos de un mes, ya no se hablaban. Por un lado mi viejo siempre decía que todo el problema era una calentura de mi hermano, que se le pasaría cuando encuentre otro culo mejor.

Mi hermano se enojó tanto por eso, que pidió armar otra oficina en el la bodega de Tupungato, para no ver más a Papá. 

Pero después de todo, con sus 78 años, mi viejo seguía al frente de los negocios, en algunos días ya había desviado los clientes y mi hermano no tenía nada que hacer.

- Cuando recapacites, hay un imperio que te pertenece. No lo olvides – le envió en un mail que encontré en su computadora.

- Gracias Forlán, pero usted jamás entenderá. Cambio todo su imperio por un poco de amor – contestó mi hermano.

La chispa de papá se apagó, siempre fue un hombre serio y terrible, pero tenía un alma y se había roto. Sin mi hermano los siguientes meses, todo parecía gris.

No recuerdo si pasó un año si quiera. Un día por inbox recibí un mensaje de ella. Había perdido el hijo que esperaba y estaba separada del chico.

No tendría que haberle contado, pero es que mi hermano estaba entrando en depresión.  Sin ella, sin él trabajo, sin papá. Quería ayudarlo.

En cuanto supo la contactó. Fue cuestión de días y estuvieron juntos. Estaban locamente enamorados.

Obvio que mi viejo se negó a que él estuviera con la chica. La culpaba por el distanciamiento que tenían con Juan.

- Es inadmisible Juan Diego, no podés traer cualquier minita a la familia. Vos tenés una gran responsabilidad acá. Esta es tu vida hijo – Papá fue a la bodega exclusivamente para gritarselo en la cara frente a ella.

- No, es tu vida, no la mía.

La respuesta fue corta, y después de eso las palabras estuvieron de más. 

Mi hermano agarró su auto, cargó sus cosas y se fue.

Desde ese momento, Papá no decía buenos días cuando se sentaba en la mesa a desayunar, solo preguntaba “ya llamó Juan Diego". Cuando escuchaba que no, fruncía el seño y pedía el desayuno en el despacho. 

Mamá directamente dejo de hablar con su hijo. Decía que por respeto a papá, yo creo que por miedo.

Unas semanas después nos enteramos que se habían casado. 

Mamá se enojó con papá, le reclamó que cediera, pero el ni si quiera le contestó. Y ahora entre ellos tampoco hablaban. Intento que Juan aflojara, pero tampoco estuvo de acuerdo. Además le recriminó que ella lo había dejado solo. 

La familia estaba destruida. No creí que pudiera empeorar.

Pero me llamó la policía una madrugada. Lo primero que dijeron es que habían tenido un accidente. Horas después el informe forense dijo que a mí hermano lo había mato un golpe en la cara, que alguien lo había matado con una roca.

Del auto faltaban algunas cosas, entre ellas un cheque por mucha guita.

Se encontraron muchas huellas y pruebas de que alguien más estuvo allí durante horas. Pero nunca encontraron al asesino.

Claro que mamá culpó a mi viejo, se fue de la casa y no volvieron a verse. Solo habla conmigo de vez en cuando.

De mi viejo no quedó nada, le cayeron encima todos sus años. No quiso comer, no dormía, solo presionaba a todo el sistema de seguridad. Hasta que un día metieron en cana a un pobre tipo. El juez me dijo que solo era para que mi viejo dejara de joder.

Un año después cayó en cama por estrés y depresión. No se ha vuelto a levantar desde entonces.

Sin nada que hacer en la quinta, decidí que tenía que encontrar al asesino. 

Alquilé una cabaña acá, que estamos cerca de donde mataron a Juan.

No sabía por dónde empezar, entonces un día que en la hostería llamaba a casa entro Román, después de comprar se fue. La gente del lugar hablaba de que parecía tener mucha guita, pero nadie sabía de qué trabajaba, de dónde venía o algo de su vida.

Me pareció sospechoso, indagando encontré que la aparición de Román en el pueblo coincidía. Una mujer asegura que ella le alquiló una cabaña tiempo antes de que él comprara.

Todo coincide con lo que le pasó a mi hermano. Por eso compré acá, para poder seguirlo de cerca.

Yo sé que fue él, y puede estar seguro el mundo de que va a pagarlo. Honraré el lema de mi familia y “No dejaré nada sin resolver".

Román debe pagar con su vida por lo que hizo.

En redes sociales: FABIAN LUQUEZ 

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