Hasta Siempre Román (cap 8)
Adiós Román.
- No puedo creer lo que me contas Dani. Jamás habría imaginado algo así. No sé qué pensar.
- Me lo imaginaba amiga, yo estaba segura de que vos eras otra víctima. Perdón por decirte esto, pero él es una bestia. Tenés que dejarlo cuanto antes. Te puede pasar algo.
- Hay no ¿qué hago? ¿cómo hago para dejarlo ahora?
En realidad, claro que no es sorpresa lo que me cuenta Daniela. Lo sorpresivo es que ella lo sepa. ¿alguien más lo sabrá?
Necesito pensar.
Cambiando de tema después de un rato, conseguí que saliéramos, necesito caminar un poco y cigarrillos.
Al pasar frente a la cabaña, noté todas las cortinas cerradas y las luces apagadas. Ya empieza a anochecer, Román a esta hora ya encendería las luces del patio. Seguramente ha salido.
Aproveché para pasar a buscar algo de ropa, pensaba en pasar la noche en la casa de Daniela otra vez. Pero una vez adentro, golpearon la puerta.
Nos quedamos heladas, estábamos preocupadas por la vuelta de Román, pero obviamente él no golpearía en su propia casa.
Igual nos quedamos quietas sin hacer ruido. Vimos por las cortinas que alguien caminaba detrás de la casa.
- Principal, despejado el patio trasero – se escuchó una voz masculina, en tono muy serio.
- Entendido, revise las puertas – dijo una mujer con la misma severidad.
Nos tendimos a un lado de la cama, pudimos ver como un policía se asomaba en la ventana. Se hacia sombra con las manos y la gorra.
A Daniela le faltaba el aire y se empezó a hiperventilar. Traté de tranquilizarla, pero empezó a llorar. Le tomé por la espalda, trabé mis piernas alrededor de su cadera, con un brazo envolví su cuello y con la otra mano le tapé la boca.
- Daniela, calmate – pero ella seguía haciendo ruido – Dani por favor, calmate.
Como ella se desesperaba cada vez más, empecé a apretar su cuello. Si nos encuentran voy a tener muchas cosas que explicar.
Empezó a dar saltitos, como si fueran espasmos, en la adrenalina, no he notado que no puede respirar. Bueno quizás sí, me cuesta trabajo contenerme a veces.
Como el policía ya no se ve en el patio, la solté. Se levantó de un salto y se alejó de mí, tanto como pudo hasta tropezar en reversa contra la esquina del cuarto.
- ¿Estás loca? – dice sollozando y trata de recuperar el aliento. – casi me matas. Me quisiste asfixiar.
- No linda, me asusté. Estabas haciendo ruidos y la policía nos iba a escuchar.
Mientras hablamos revise por la ventana. El auto de la policía ya no está.
Tardé poco en convencer a Daniela, pero sigo teniendo un problema. Es la primera vez en mi vida que me doy cuenta de que las cosas que aquí han pasado pueden tener consecuencias serias. Podría ir presa si alguien hablara. Creo que es hora de retomar la cordura. No puedo seguir aquí.
Comencé a llorar y me puse en posición fetal sobre la cama. Pasaron solo unos segundos, hasta que sobándose el cuello se sentó a mi lado.
- ¿qué te pasa? Perdóname si te traté mal, solo me asusté. No podía respirar, por eso me puse así.
- No, no es eso. Es que me di cuenta de que seguro tenés razón. ¿qué hacía la policía buscando a Román? Y ¿si estoy durmiendo con un asesino?
- Si, es verdad. No lo había pensado. ¿qué quería la policía?
Seguimos charlando un rato sobre el tema, y la verdad me está preocupando un poco que la policía se acerque mucho.
Igual, tengo un plan. Voy a huir con Daniela.
- Dani, no tengo derecho a pedirte esto. Pero ¿es posible que me vaya con vos algunos días?
Miró un segundo hacia abajo, pero la respuesta no es la que yo esperaba.
- Perdón Cami, perdón, pero no. Yo no puedo tenerte en la cabaña, y no me voy a alejar de Román hasta vengar a mi hermano. Terminó de destruir mi familia ese hijo de puta.
Me quedé con la boca abierta, creo que me asuste un poco al verme sin opciones.
- Pero hay otra manera. Si vos me ayudas a terminar con Román, puedo conseguir que nos vayamos juntas. Podemos vivir en la quinta de mis viejos, te consigo trabajo. Por favor decime que sí.
Una emoción me corrió por dentro. La luz sale de nuevo para mí.
- Dani, tengo miedo. Por favor vayamos a otro lado.
Salimos de la casa, y nos fuimos a la suya corriendo. Pasamos horas haciendo planes. Obvio que necesité hacer de cuenta que estaba indecisa, podría sospechar algo de mi si directamente accedía a todo. Creo que no sospecha nada
Ella preparó la casa, había que borrar toda evidencia de que yo había estado allí. Mi parte del plan implica salir a caminar con mi pantalón más ajustado. Un paseo por el camino más oscuro sola es la forma de encontrar a ciertas personas.
Después de arreglar algunas cosas pasé por casa. A penas me acerqué la puerta se abrió. Román me tiro del brazo sin dejarme decir “hola”
- ¿Qué hacías pelotuda? Después de la cagada que te mandaste – esta muy enojado - ¿Tenes una idea del quilombo que se armo con los milicos? Buscan ha esos pibes por todos lados.
- Bueno espera, ya se que sí. Esta tarde cuando saliste, estuvo la policía en casa. Vine a penas te vi llegar, Román vamos a tener que hacer algo. Tengo miedo – jamás un hombre cortés como él ha podido despreciar algunas lágrimas. Llore un poco y me abrazó de inmediato.
- Esta vez, te vas a tener que arreglar solita – susurró a mi oído.
- No, no me digas eso. Yo venía a decirte que Daniela nos ha invitado a que vayamos unos días a la quinta de sus padres. Podemos hacer eso hasta que las cosas se tranquilicen, no me dejes sola.
Lo pensó unos segundos, sé que la idea le atrae. He podido ver como mira a Daniela, él la desea y eso voy a usarlo.
- ¿Podemos confiar en ella? Mira que estamos jodidos
- Hagamos una cosa, la invitamos a comer y vos decime que te parece. Si crees que vale la pena arriesgarse lo hacemos. Si no, no.
Esa noche Daniela vino a cenar. Habíamos preparado algo al horno, y claro que varias botellas de vino.
Román, me hace preguntas sobre la noche anterior. Cuando le conté sobre lo que habíamos hecho, mostró mucho interés. Boquiabierto me miraba excitadísimo.
Escuchamos que alguien golpeaba la puerta, él atendió mientras yo ponía la mesa.
La vi entrar y no la reconocí. Traía una remera super ajustada, el pelo con una cola alta muy tirante, su melena colgaba y le daba un aire muy sexi. El maquillaje resaltaba sus gestos más eróticos y no había nada de la dulce Daniela en aquella mujer.
Cuando entró me miró y caminó recto. Yo estaba con las manos ocupadas con los platos, ella se acercó, me tomó de la cintura con una mano y me besó en la comisura de los labios mientras lo miraba directo a los ojos.
Toda la noche se miraron impulsivamente. Yo estoy muy ocupada llenando copas con vino, como para interrumpirlos.
Román hace uso de sus galanterías, Daniela las rechaza de un modo picaresco. Histeriquean toda la cena, pero en un momento él se desubica y le dice algo que no alcanzo a escuchar. Se de que se trata por que ambos se dan vuelta a mirarme, esperando mi reacción. Daniela me guiña un ojo.
- ¿qué pasó amor? – le digo a él. – ¿qué va a pensar Dani? ¿qué la invitamos para algo raro?
Él se queda perplejo, nosotras estallamos en risas cómplices mientras nos mirábamos.
- Cuidado chicos, si yo tomo más vino, los que deben tener cuidado son ustedes.
Lo dijo en un tono tan especial, que ha Román le falta el aire. Dejé lo que tenía en la mano, la tomé por la muñeca y con un ademán le hice que se pusiera de pie. Solté su muñeca y la tomé por la cintura, con la mano libre llené su copa hasta que se volcó un poco. Se tomó la mitad del vino mirando a Román directo a los ojos. La otra mitad me la tomé yo mirándola a ella.
En el aire se siente la tensión. Él no da más, solo necesita un empujón y explota.
Lleno de nuevo la copa de vino mientras estamos abrazadas por la cintura, ella estira levemente la mano hasta Román, invitándole a beber. El me mira a mí, esperando aprobación, yo le sonrío y asiento con la cabeza.
El camina torpemente alrededor de la mesa, miro a Daniela y ella me sorprende con un beso apasionado que duró dos segundos. Cuando volteo a mirarlo a él, esta atónito parado a nuestro lado.
- Hay, tengo que ir al baño – le agarré la cara y le dije – cuidado amor, esta chica es peligrosa
Desaparecí por el pasillo y lo último que vi, es a Daniela abrazarlo por sobre los hombros y acercarse para besarlo.
Una vez en la habitación, empecé a armar una mochila con todas mis cosas. En el apuro tiré un perfume, pensé que habrían escuchado el estruendo que hizo al romperse.
Me asomé a la cocina. Él esta sentado en una silla, Daniela sentada arriba lo besa desaforadamente. Levanta su cabeza y me mira, yo le hago señas de que todavía no estoy lista. Román besa su cuello e intenta meter sus manos por el pantalón.
Vuelvo a lo mío. En una bolsa de basura puse todo lo mío, las metí en el auto de Leandro y prendí fuego todo en el patio.
Entre de nuevo, me saqué la remera y el pantalón, con una bata me uní a la fiesta.
- Bueno veo que no pierden el tiempo ustedes dos. – dije para presentarme ante ellos.
Román se asusta, como si estuviera haciendo algo indebido. Se para de golpe y Daniela cae al piso.
- Cami, perdón…
Lo interrumpo poniendo un dedo en forma de silencio sobre sus labios. Apago la luz, y solo entra por la ventana la luz del fuego en el patio trasero.
Intentó mirar.
- ¿qué pasa atrás? ¿hay fuego?
- Shhhhh, besame
Entre las dos comenzamos a besarlo, lo empujo contra la silla y me le monto arriba. Daniela corre a la pieza y trae una soga. Pensé que le llamaría la atención que lo atáramos, pero lo cree parte del juego.
Una vez que lo aseguró a la silla, me levanté y me quedé mirándolo. No entiende, nos mira deseándonos. Daniela se acerca y me besa violentamente. Él está desesperado, se nota en su respiración.
- Gracias… amor – me dice cuando deja de besarme
- De nada – respondo mientras voy hasta la puerta.
- ¿Gracias? – pregunta él
Tiene las manos atadas en la espalda. Daniela se arrodilla frente a él. Pone una mano en cada una de sus piernas y le obliga a abrirlas. Se ubica en el medio y le lame el cuello.
Ya no lo disfruta, me mira intrigado mientras yo espero apoyada junto al picaporte de la puerta.
Cuando llega a su oreja, le susurra al oído.
- ¿Sabes quién soy yo?
La mira con un gesto de preocupación, y me vuelve a mirar a mí.
- Camila ¿qué esta pasando?
Justo en ese momento se escucha algo que explota en el patio, donde el auto arde cada vez más. Yo me asusto y él igual, pero Daniela se ríe un poco.
- ¿Quién carajo sos vos? – le tira la pregunta ya enojado
- ¿yo? Yo soy Daniela Forlán mi amor – y le muerde la oreja sensualmente
En su cara se concentra todo el terror del mundo.
Daniela se levanta, aprieta sus cachetes con la mano.
- En mi familia – ella habla pausado y claro - “NO DEJAMOS NADA SIN RESOLVER”
Se puso de pie ante la mirada perdida de Román. Este reacciona y empieza a hacer fuerza para desatarse. Ella camina tranquila hacia a mí.
- ¿Vamos amor? – me dice.
- Camilaaa, soltame hija de puta – se esfuerza por desatarse.
- Perdón bebe, pero no puedo, no me conviene.
Grita y patalea.
Nos disponemos a salir, pero al abrir la puerta hay un hombre parado de espaldas
Román empieza a reírse como loco, hace fuerza y la silla cae de lado.
- Ahora van a ver, mal paridas.
El manco de da vuelta, nos mira, gira la cabeza un poco para mirarlo a Román.
- Hola lindo – le dice Daniela – Me han hablado maravillas de vos.
Lo besa dulcemente en su grasosa mejilla, lo besa como lo haría una niña y se aleja dando saltitos de alegría, tararea una canción.
El manco me mira
- ¿qué cagada te estas mandando pendeja?
Román no entiende nada, su mirada esta desencajada.
- Hola guapo. Si ya sé, siempre te toca ordenar mis líos. Pero vos sabes como soy.
- Tomatela – me dice con un gesto gentil.
Román le grita algo, pero no le presto atención.
Me toqué el bolsillo de la bata y me acordé justo, volví unos pasos y le entregué el teléfono al Manco.
- Me olvidaba bombón, te dejo este teléfono. Por si te necesito.
Lo miré por última vez a quien fuera mi salvador, le tiré un beso y el me regaló una mirada resignada. Ha entendido todo por fin.
Me alejé de la cabaña algunos pasos. El fuego del auto ha tomado la terraza. Algunas lenguas de fuego se pueden ver sobre el techo.
Me asuste al ver el incendio, estaba a punto de gritar “cuidado”, pero en el dintel de la puerta el manco me mira y agacha la cabeza con un ademán de despedida. Cierra la puerta y yo me quedo unos segundos viendo con estupor.
Escuché alguien estacionar detrás de mí. Es Daniela en su auto, lleva un champagne y esta eufórica.
- ¿Vamos linda?
Asentí con la cabeza y me senté adentro. Miré por última vez mi vieja vida quemándose.
- Vamos, vamos. – siento que algo también se quema adentro mío
Daniela maneja con una mano y con la otra toma del pico de la botella, zigzaguea con mucha destreza las curvas de la alta montaña Mendocina, yo apoyo la cabeza en el vidrio y observo los acantilados oscuros, negros y la inmensidad de la montaña.
Por unos segundos recuerdo la vida que tenía hasta hace escasas semanas. Parece mentira todo esto. Pero es mi historia.
Yo soy Camila Forlán y esta es mi historia, así es como empezó todo, como nació mi imperio, de bodegas, viñedos, negocios inmobiliarios, y todo lo que se me ocurra.
Perdón ¿Les intriga mi apellido? Bueno esa es otra historia.
Gracias por acompañarme y hasta siempre…
FIN
En redes sociales: FABIAN LUQUEZ

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