Carta para Sofía


 Carta para Sofía

Ante que nada quiero pedirte perdón, porque sé que fui una persona egoísta, te pensé una extensión mía, pensé por momentos que podía despreocuparme de vos. Cuando miraba tus ojos negros, no pensé correctamente, no te amé correctamente para ser sincero. 

Te quise superficialmente estos últimos dos años. Te quise como lo hacen la mayoría de las personas, con un amor de accesorio. Creí que serías algo de lo que yo podría alardear sin ocuparme realmente. Que serías alguien de quien mostraría fotos a mis amigos, que podría subir fotos tuyas a redes sociales, contando cuántas veces las personas miraban o daban algún like.

Por eso te pido perdón, porque creí que por ser mujer no eras mi problema.

Hoy me he visto en la vereda que trato de dejar hace un tiempo, con pensamientos que me llevan de nuevo al principio.

No puedo hacerte promesas de que voy a mejorar, por eso te escribo una carta. En caso de que no logre ser diferente a lo que fui, o si a caso sea peor todavía. Te dejo esto como testigo de los esfuerzos que un padre hacía por ser mejor persona.

Hoy te dormiste la siesta a mi lado, pero sola. Yo miraba cualquier cosa en el teléfono y te encontró el sueño sin abrazos. Cuando miré, estabas en posición fetal, y yo me sentí mal, te abracé y te pedí perdón, como siempre hacemos la personas que no lo merecemos.

Te susurré al oído que te amaba, que me perdonaras. Y seguí hablando sin saber que estaba por llegar a un memento irreversible, a un quiebre…

A los pocos minutos te llamé mujer, mujer te llamé. Fue la primera vez que no te pensé como una bebe, ni como niña, ni siquiera como adolescente. Hoy te llamé mujer, y en mi mente tenías unos 30 años.

Me invadió un sentimiento que hasta ese momento no sabía que existía. Me sentí responsable, me di cuenta de que como tu padre no sos un problema, sos mi responsabilidad.

Y se me vinieron a la cabeza las millones de charlas que quiero tener con vos, como papá a veces y como amigo en otros momentos. Quisiera que en un futuro pienses “le tengo que contar esto a mi papá” en lugar de “mejor que mi papá ni se entere de esto”

Me nacieron muchas preguntas, y es que no sé cómo hacer para que un día en el supermercado me pidas un libro y no un perfume, que prefieras un libreta con un lápiz y no un espejo con un labial.

Acaso ¿hay manera de que sepas que está bien enamorarse, pero no necesitar? ¿puedo enseñarte que no estas incompleta? ¿cómo se le explica a alguien el valor de una historia propia? ¿serás capaz de ver en el mundo un millón de posibilidades? ¿de entender que la vida no es justa? ¿sabrás que no debes esperar mucho de ninguna persona? Y ¿menos de tu padre?.. Como explicarte tantas cosas sin romper la ilusión de la niñez.

Tengo miedo de que me sorprenda la muerte y no estar ahí cuando mi consejo te pueda servir de consuelo, si es que eso ocurre alguna vez.

Tengo miedo de no explicarte todos mis errores, sin pedirte perdón por algunos de ellos.  Aunque soy consciente de que hay otros que se pueden comprender, pero jamás se perdonan.

Que terrible que me quede tanto por esperar, cuando no se si tengo tanto tiempo, que lejos están algunas conversaciones.

Solo te pido que vivas, pero no lo vivas todo, algunas cosas no valen la pena.

Siempre lee, pero solo si vas a leer tanto, que tengas tu propia opinión. 

Cree en todo aquello que quieras creer, pero no creas demasiado en nada ni nadie. Si has de creer en alguien, cree en vos misma.

Ama a Dios, pero no dejes que el “hombre” se interponga entre él y vos.

Busca experiencias y experimenta hasta el límite de la cordura, pero no dejes que alguien experimente con vos.

Que tus ojos vean tan lejos como puedan, llénate la retina de los mejores espectáculos del mundo, pero no pierdas de vista a dónde querés ir.

Escucha todo lo que necesites, pero no escuches necios, menos extremistas.

Pensá siempre, siempre pensá, esta vez sin peros. 

No quieras detener el mundo, es demasiado grande y su inercia podría aplastarte, sin embargo, nunca sedas ante el mundo. Crea un mundo propio, donde las críticas y los consejos no pedidos, como los míos, no tengan lugar.

Que jamás alguien piense por ti, y no te quedes con alguien que no quiere quedarse donde vos estás, o que no quiera ir a donde sientes que puede estar tu lugar.

Todo lo que alguien necesita, es tener es una vida como la que quiere vivir, un plan para lograrlo y fuerza para disfrutarlo.

Trabaja duro, tan duro como sea necesario para tener esa vida que soñás.

Mi pequeña Sofía, han pasado algunas horas, y te escribo esta carta mientras vos, ahora, mirás televisión en el suelo, con chupete y pañales todavía. Pero para mí, hay a dos metros una mujer llena de sueños, una mujer suficiente para sí misma, un mundo por comenzar.

Pero eso será en un futuro, ahora esa mujer, todavía me dice “papa… paaaaaapa tate tate” y me invita ver dibujitos en el sillón.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Terror en la Montaña

Nahuelito y la mentira de papá

Lluvia y temblores