El Diente
El diente
Cuando vi que estaba flojo pensé inmediatamente en el ratón de los dientes. Todos los días estaba pendiente, revisaba a cada rato por miedo que se desprendiera sin notarlo y terminará por accidente en el estómago. Eso podría ser un problema, para que aparezca el dinero debajo de la almohada es requisito indispensable que esa noche uno se acueste y ponga allí el diente caído junto con toda la ilusión del mundo.
Yo sé que la magia no existe, pero en esto sí creo. Pasaron cinco días y cada vez se desprendía un poquito más, a veces al revisarlo había pequeños hilitos de sangre, pero no duele, hay un adormecimiento muy peculiar que seguramente tiene que ver con que el peso de la ilusión es más fuerte.
Pensé muchas veces en ese maravilloso proceso que convierte un diente en dinero, y al dinero en algo que uno siempre ha querido comprar. No importa el qué, no importa si mamá o papá podrían pagarlo, no importa si es mucho o es poco, si es algo grande o chiquito, lo único que importa es que suceda.
Siempre he mirado al mundo lejos del realismo mágico, con un dejo de incredulidad, pero este diente flojo me ha devuelto las ganas de creer.
Era justo el de adelante, de los que están al medio y abajo, pero el de la derecha. Cuando se caiga va a quedar un agujerito poco estético, pero eso tampoco importa, después de todo, en la escuela todos andan más o menos igual, mostrando sus encías mochas como un trofeo. Sin saberlo siempre esperé este momento, treinta y cinco años esperando que un día un diente se aflojara para ponerlo en la noche bajo una montaña de nervios, y de cosquillas en la panza.
Fue un día domingo veintisiete de junio del año dos mil veintiuno, pasando las doce, tirando ya para madrugada de lunes. Estaba muy cansado y justo entraba en el sueño profundo, cuando pasó sin previo aviso, la lengua lo tocó y se salió sólito. Había un poquito de sangre que no me asustó.
Después de las fotos, terminó en un sobrecito y fue a parar a donde era su legítimo lugar, bajo la bendita almohada.
Casi no pude dormir, toda la noche soñé con las posibles cosas que compraría esa plata, si serian un billete o dos, quizás tres.
A las cinco treinta sonó el despertador y salté de la cama. Con muchísimo nerviosismo fui a meter la mano bajo la almohada, transpiraba como imagino que transpiran nerviosos los que desactivan bombas. Esto no se parece en nada a un montón de explosivo plástico o TNT, pero es igual de importante creo yo en este momento, después de todo si sale mal hay una vida que no será la misma.
Mi mano por fin lo encontró, saqué el sobrecito y con mucho cuidado me robé el diente y dejé en su lugar el dinero. Se movió a penas mi hijo y yo casi me muero de un infarto, pero no se despertó gracias a Dios, me escapé en silencio de la habitación y con el corazón lleno de alegría me fui a trabajar de noche, con cinco grados bajo cero, pero con una sonrisa nueva, una sensación que me acerca a mis padres un poco más. Hoy rendí otra materia en la escuela de papás.

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