Le gané la pelea a los tres...

 

Cuando salí del baño ya cambiado y todavía con el pelo mojado ahí estaban los tres, dos sentados y uno bajo la mesa. Todos me miraron y al mismo tiempo me invitaron a sentarme, lo sentí más como una amenaza.

Corrí una silla y me acomodé de a poco, con bastante desconfianza. Siempre estas conversaciones terminan mal.

Yo - ¿Qué quieren ahora?

El viejo – Se acabó, no estamos de acuerdo con como estas manejando las cosas, queremos cambios, necesitamos que cambies. – este tipo viejo, de unos 70 años, con un aspecto de mala salud, esta sentado justo a mí, a la derecha.

El Joven – Vos sabés que cuando te bañas, algo en el agua nos hace dar ganas de charlar, y siempre es lo mismo. El viejo no quiere terminar así, este niño – señaló debajo de la mesa, donde efectivamente el nene, de unos 6 años, me mira con los ojos llenos de lágrimas – no quiere tampoco que estemos así, el quiere salir de vez en cuando, tiene ganas de vivir, de ver la luz del sol, que no lo ignores todo el tiempo. Y la verdad que yo siento que no me queda mucho más, no tengo ganas de ver que el tiempo se me pasa – eso fue lo que me dijo el que estaba a mi izquierda, que aparenta tener mi edad o quizás un poco menos.

Yo – pero, de qué hablan, todo el tiempo hacemos cosas. Salimos a bailar de vez en cuando. Algunas veces vemos una película o una serie. Reconozco que hemos leído poco, o que quizás no estamos siempre al 100%, pero ustedes saben cómo son las cosas, hago lo mejor que puedo.

El niño – Eso no es cierto, siempre hacemos cosas, pero nunca estas ahí. – su voz tiembla todo el tiempo, como cuando los niños quieren decir algo que les duele.

Yo- ¿Cómo que nunca estoy ahí? Eso es técnicamente imposible.

El viejo – Es verdad, hacemos cosas, pero nunca podemos salir a disfrutarlas, a donde vayamos tenemos que escondernos, quedarnos encerrados mirando por la ventana. No sentimos que nos tengas en cuenta.

Yo – Bien, ya veo por donde vamos. A ver, díganme ustedes que es un buen plan y cómo hay que hacer las cosas – me había envalentonado, quizás porque me di cuenta de que podía tener una respuesta a cada planteo o quizás porque me tocaron el orgullo al decirme que me estaba equivocando en todo.

EL viejo – Me gustaría que hiciéramos deporte, que comiéramos más sano, que saliéramos a hacer algo al aire libre. No digo que todo el tiempo, o que sean grandes cosas, pero algo al menos.

El Nene – si es verdad, a mi me encanta hacer cosas al aire libre, no me gusta que siempre salgamos de noche – las palabras entusiastas casi pisaron el argumento del viejo que dejó de hablar por la interrupción.

El joven – Podríamos comprar una moto, como teníamos antes. Piensen, así hacemos cosas al aire libre que al viejo le gustan, conocemos lugares que le gusta al nene – el niño no dejaba de asentir con la cabeza, y de apoco se animaba a ir saliendo de abajo de la mesa – y a mí en particular me gustaba mucho. Todos nos estresábamos menos. ¿Se acuerdan? Hablábamos todo el tiempo cuando íbamos en la moto, nos reíamos, hacíamos chistes, éramos como uno solo.

El niño – Sí, me encantaría. Podríamos llevar un bolso con ropa, con linternas, con golosinas.

Yo – ¿De verdad ese es el plan? – todos agacharon la cabeza cuando me sintieron levantar la voz con desaprobación

El niño – Bueno, perdón si no es buena idea, pero al menos podríamos jugar con los niños. Ellos son divertidos, y a mí me gustaba cuando nos divertíamos – mientras lo decía retomó su lugar entre las sillas, debajo de la mesa, mientras su tono de voz bajaba cada vez más hasta volverse un susurro.

Yo – No puedo creer que me salgan con todo esto. Vos ya tuviste tu tiempo – le dije al menor – vos ya jugaste hasta el cansancio, la vida no es siempre un juego.

El niño – No digo siempre, pero al menos de vez en cuando – su voz tiembla al hablar.

Yo – Vos menos que menos te podés quejar – increpé al que parece tener mi edad – un montón de veces hacemos cosas que te gustan a vos.

El joven – Si, pero al mismo tiempo es cómo que no estamos ahí, siempre vayamos a donde vayamos estamos pensando en algo más, nunca disfrutamos de lo que hacemos, por ahí la solución sería hacer algo y en ese momento dejar las demás cosas a un lado, digo así nos despejamos un poco.

Todos guardamos silencio un segundo y miramos el suelo.

El viejo – yo solo querría tener más recuerdos, un poco más de salud, no pido más que eso.

Yo – Bien, ya entiendo, ahora nos vamos a quejar de todo, claro todo esta mal. No te olvides qué lo que hacemos es por vos, para que vos tengas todo lo que nosotros siempre habíamos soñado.

El viejo – yo solo quería que cada uno de nosotros fuera feliz ¿para qué quiero todo solamente para mí? Yo ya estoy viejo, no tengo fuerzas ni ganas de algunas cosas…

Yo – saben qué, se hace tarde y me tengo que ir a trabajar… - me levanté y caminé hacia la puerta.

El niño, empezó a gemir y pronto se convirtió en un llanto desconsolado, el viejo y el joven trataron de tranquilizarlo mientras yo me había quedado inmóvil mirando la escena. <<tranquilo, tranquilo, ya sabes cómo esto>> le dijeron, pero él transformó su llanto en un berrinche con gritos y pataleos << es que ya no quiero ir más a ese trabajo, no me gusta, no quiero ir toda la vida a hacer algo que no me gusta >> los otros dos me miraban pidiendo con sus ojos que hiciera algo.

Yo exploté…

Yo- ¿No quieren ir a trabajar?

El viejo – la verdad que no, estoy cansado y me duele el cuerpo

El Joven – siento que me ahogo de a poco.

Yo – ustedes se olvidan de que tenemos una familia – algo explotó y empecé a gritar con furia – si no fuera por ese trabajo no tendríamos nada de esto. No habría estabilidad, no tendríamos auto, ni un peso para ir a comer o para cualquier cosa que necesitemos. ¿Acaso ustedes van a traer plata? Vos que lo único que haces son berrinches – lo mire al niño – ¿o la vas a traer vos, y todos esos sueños e ideas inútiles que son siempre mucho riesgo y poco pensar? – a estas alturas el joven parece no escucharme solo abraza el niño – ni hablar de vos viejo, que lo único que se te ocurre es escribir boludeces que a nadie le interesan. Por favor, solo se quejan de que quieren hacer cosas nuevas, cosas diferentes, pero lo que tenemos es gracias a los sacrificios que hacemos…

Volví hasta ellos, tomé al niño del brazo que empezó a llorar a los gritos, lo metí en el cuarto con la luz apagada y lo encerré con llave ante la mirada atónita del más joven, mientras el viejo miraba hacia otro lado para no presenciar la escena.

Tomé las llaves y salí, cerré la puerta de un golpe y le eché llave. Ahí dejé al niño que fui encerrado y llorando, solo en un cuarto sin ventanas, a mi juventud mirando por la ventana de mi corazón como le doy la espalda a mis años buenos y al viejo que seré, sentado en un sillón mirando para otro lado, avergonzado de mí y de quien soy.

Esta noche, tomaré una pastilla para dormir, no vaya a ser que cuando baje la guardia las multitudes que me habitan, me recuerden que no soy feliz.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El "Tuco" daña la memoria

Terror en la Montaña

Sueño de Media Noche