La bella y la bestia... que cuento de mierda
La bella y la bestia.
En mi ciudad hay una mujer que vive en el puente, donde las
vías del tren pasan por debajo de la carretera. Todos la llaman Bella, a pesar
de que tiene los ojos terriblemente tristes.
La historia de porqué vive sola allí, de su locura y del
mito, comienza a toda velocidad. Bella corre tan rápido como puede y la bestia
maneja con los ojos desorbitados, absolutamente fuera de sí.
Los dos son de barrio, de mundos pobres, de modales
diferentes. Ella es morena, de ojos grandes, pelo negro y un dulce rostro que
no ha conocido los deleites de una vida fácil. Él de mundos oscuros, malas
juntas, excesos, de esas personas que no cuentan una sola historia apta para
menores.
Desde muy chicos se gustaron, mientras ella trataba de
sobrevivir a sus penas, el causaba penas peores a todas las personas que se
cruzaban cerca de él, por eso es por lo que a todos les parecía una locura el
romance de aquellos, sobre todo cuando ella quedó embarazada y él fue a buscar
trabajo por primera vez.
En la obra, cuando lo vieron parado en la puerta, lo primero
que hicieron los albañiles fue agarrar una pala e increparlo, pensaron que
venía a asaltarlos. Buscó trabajo en una panadería, pero el dueño sabía que él
era parte de la banda que lo desbalijó hace algunos años. Lo mismo pasó en cada
puerta que golpeaba, siempre había alguien que conocía su prontuario.
Fue por eso que tuvieron muchos problemas, a ella la echaron
de su casa y él encontró que había algo en el mundo que no podía vencer. Cada vez
que Bella le pedía que parara, como si fuera un embrujo, se sentía obligado a
obedecer y tuvo que dejar sus andanzas.
El primer tiempo vivieron en la pieza que les prestaba un
amigo, comían con la plata que le había quedado a él de sus últimos asaltos,
pero pronto todo se terminó muy pronto.
Insistió en que, si ella le permitía una última salida,
conseguiría dinero suficiente para ir a vivir a otra provincia, algún lugar
donde no hubiera lastimado tantas personas y alguien le diera trabajo, donde
poder empezar de nuevo. Sin dudarlo ella se resistía, lo conocía muy bien,
sabía de lo que era capaz, sabía que todo iba a salir mal.
Fue por eso que cuando vio en la televisión el noticiero,
supo que al empresario lo tenía de rehén su pareja, supo que en ese auto a toda
velocidad escapando de la policía estaba el padre de su hijo, y también sabía
que debajo del puente carretero, por donde pasa el tren, hay una alcantarilla y
que siempre él había dicho que era el mejor escondite del mundo si había que
escaparse alguna vez.
La bestia ha noqueado al empresario y lo tiene en el baúl
del auto, junto cona mochila con la paga de los empleados, una paga que también
alcanza para empezar una nueva vida en otra provincia, por eso maneja como un
desenfrenado, golpeando autos, cruzando esquinas a fondo, esquivando
bicicletas, con un helicóptero que vuela bajito y móviles de policía a poco
andar.
No esta tan lejos el puente, en su cabeza ya lo logró, pero él
no sabe que nada en la vida sale como uno lo espera.
A pocos kilómetros, ella cruza el barrio tan rápido como puede,
sujetándose con un mano la panza porque el embarazo ya está avanzado y le duele
mucho como se sacude su hijo al correr.
Los dos saben a dónde van, pero también lo sabe la policía,
de alguna manera o por casualidad el comisario también sabe a dónde ir.
Bella divisa el puente, abarrotado de policías que apuntan a
la boca calle, esperando que en cualquier momento la bestia doble a toda
velocidad.
Ella corre, quiere impedir que lo alcancen, la policía le
grita con un megáfono que salga de la calle, que es peligroso, que un loco viene
a toda velocidad.
El auto apareció en la punta de la calle, de costado, con
las cubiertas echando humo, derrapando, al borde de perder el control.
La bestia tiene el seño fruncido, y los ojos afilados en el
camino, pero cuando ve a su mujer levantar las manos y gritar << Pará,
por favor pará>>, como si fuera una brujería, tuvo que obedecer y frenó
el auto en seco.
Nunca se supo por qué Bella se fue a vivir abajo del puente,
tampoco se supo nunca si esa tarde cuando grito entre medio de los disparos, lo
hizo por su pareja o por su hijo.
Quizás fueron muchas emociones para ella, quizás por eso,
solo se dejó revisar la perdida de sangre entre sus piernas después de que se
llevaran a la bestia abatido con siete tiros en el pecho.
Quizás por eso, la loca de mi ciudad vive sola debajo de un
puente y no quiere hablar con nadie, quizás por eso sus ojos son terriblemente
tristes.
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