Pensamientos simultáneos
Pensamiento simultaneo.
La teoría del pensamiento simultaneo es algo que se me ocurrió, como debe suceder con la mayoría de las cosas, para tratar de explicar algo o para esconderlo.
En este caso se trata de justificar y explicar al mismo tiempo, además se basa en otra estúpida teoría que tuve cuando era un niño todavía. Siempre me había gustado pensar que todos teníamos un doble exacto justo al otro lado del mundo, este igual a mí no debía solo parecerse en lo físico si no que además tenía que estar pensando siempre lo mismo que yo y haciendo las cosas tal cual como si fuera un espejo. Tanto así lo creía, que llegué a pensar que, si un día nos encontrábamos por ahí, sabríamos exactamente lo que el otro estaba pensando.
Con el tiempo me enseñaron que las personas somos únicas e irrepetibles, que no hay nadie igual a nosotros. Pero eso me hizo sentir un poco solo, saber que no existe mi supuesto hermano milagroso al otro lado del mundo, me rompió el corazón, hasta llegué a sentir que quizás no encontraría nadie que me entendiera nunca, que jamás podría encontrar quien supiera lo que siento.
Por suerte, con los años fui notando como las personas respondemos a ciertas cosas de manera involuntaria, por ejemplo, la mayoría de las personas se asusta si un payaso aparece arrastrando un martillo ensangrentado por la calle, a la mayoría le gusta la pizza, casi todos somos únicos dentro de un grupo de personas únicas que son casi idénticas a nosotros mismos.
Todo bien con ese descubrimiento, hasta que me empezó a suceder algo extrañísimo. Se me ocurría una respuesta muy elocuente para rematar el chiste que alguien estaba contando y alguien lo decía antes que yo, pensaba en una respuesta para la pregunta del profesor y alguien más la decía antes, al mismo tiempo o después. Eso me pasó cada vez con mayor frecuencia. Inclusive una vez en el invierno del 2005, después de haber desarmado unos equipos americanos carísimos, estaba soldando unos leds a un pedazo de plástico circular para inventar lo que según yo revolucionaría el mundo, la lámpara led. Lo que no sabía, es que cuando para mi eran las 7hs de la mañana oscura en argentina, eran las 17hs de la tarde calurosa en el continente asiático, en un edificio alto, 36 asiáticos calculaban los consumos, las estadísticas y desarrollaban su prototipo de foco led. Los 37 competíamos con furia sin saber de la existencia del otro. Cuando mi invento fue desmerecido por mi empresa, al otro lado del mundo una firma sentenciaba uno de los grandes y millonarios inventos del mundo moderno, solucionando gran parte del problema energético de las grandes ciudades, el foco led.
Retirado ya del desarrollo tecnológico, se me empezaron a ocurrir cuestiones más filosóficas, pero aquello que, dicho en un sillón o en un bar, era tomado como cosa de tontos, alguien lo escribía hace mil años y pasaba a los libros de historia o lo decía por televisión y marcaba un best seller de ventas en el mundo.
No importa lo que hagamos o lo que pensemos, hay una persona en alguna parte del mundo que sometido a los mismas condiciones, a los mismos problemas, con una historia parecida, con intenciones similares, esta pensando en lo mismo que nosotros.
Desde entonces, trato de hacer todas las buenas ideas que tengo lo más pronto posible, no vaya a ser que 36 asiáticos se junten en el piso más alto de un edificio, o que un grupo de estudiantes de la Universidad de Minnesota estén estudiando la similitud de las teorías que se generan al mismo tiempo en dos lugares del mundo exactamente en el mismo segundo.
Como todos, me siento en un devenir de idas y vueltas sin cesar. Antes me sentía mal porque mi hermano gemelo al otro lado del globo no existe, pero después me siento que no ser único me hace tan insignificante como una hormiga cualquiera de las que aplasto sin querer.
Me he dado cuenta a través de la teoría del pensamiento simultaneo, que no hay dos personas iguales, pero que todos somos parecidos. La sutileza de la diferencia es mi último pensamiento.
No hay alguien igual a mí, que haya pasado por lo que yo, y por ende que haya sentido lo que yo. Por eso sé que nadie podrá entenderme, y quizás esta sensación de soledad entre tanta gente nunca me deje tranquilo. Pero si hay mucha gente parecida, que bajo las condiciones necesarias hará y pensará cosas parecidas, lo que al menos me permite esconderme entre la muchedumbre del rebaño que se dirige en la misma dirección, sin hacer preguntas, sin entender, sin si quiera mirar al costado, convencidos de que somo únicos.

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