El niño y la canasta de globos
El niño y la canasta de globos.
La historia cuenta la vida de un niño que estaba muy enojado
porque se había quedado sin papá. Hace un tiempo el padre del niño había
enfermado y al poco tiempo Pepe, el niño, se había quedado solo con su mamá y
su hermanita menor.
La madre trataba de todas las maneras posibles que Pepe
siguiera adelante, le había invitado a compañeritos a la casa, lo había llevado
a parques de diversiones, al cine, le compró video juegos, todo lo que se le
ocurrió, pero Pepe no sonreía, solo iba a la escuela y volvía para encerrarse
en su pieza sin hablar con nadie durante días.
Una noche, que no podía dormir, Pepe se había quedado
acostado en la cama jugando con un globo. Sintió ruidos y se levantó en
silencio y vio a su mamá acostada viendo fotos en el teléfono y llorando. Se
sintió un poco mal, pero fue y se acostó, dejó el globo a un lado de la cama y
sin querer se quedó dormido mientras se le caían unas lagrimitas.
No había pasado mucho tiempo cuando se despertó debajo de un
árbol, estaba en un lugar donde el pasto cubría todo el suelo hasta donde podía
ver, los árboles eran altos y con muchísimas hojas, de todos los colores, pero
lo que más le llamó la atención es que a unos pasos de donde él estaba había un
globo que se volaba de a poco con la brisa de verano. Corrió sin pensarlo y lo
agarró de la piolita, el globo trataba de volarse pero él lo sujetó con fuerza.
No tardó mucho en recordar su tristeza y entonces dejó que
el globo verde se volara, lo vio alejarse primero cerca del suelo y después
tomar vuelo, con la carita triste lo siguió hasta que este llegó tan alto que
se le perdió de vista.
Iba a volver a acostarse a los pies del árbol donde
despertó, pero le llamó la atención que a lo lejos había un caminito de globos
en el suelo. Fue entonces cuando un recuerdo en forma de sonido le llegó a la
cabeza, recordó que su papá escribía cuentos y que una noche le había pedido
que esa vez Pepe le contara uno. El cuento que Pepe inventó era de un niño que
también había perdido a su papá, pero juntaba globos y así subía al cielo para
ver a su papá.
Frunció el ceño, y pensó ¿será posible? Sin pensarlo,
comenzó a correr y a juntar los globos. Uno tras otro los agarró a todos, los
iba atando en su mano para que no fueran a escaparse con el viento. Corría tan
rápido como podía, siguiendo el camino de globos verdes.
Después de un rato, tenía tantos atados a sus brazos, que le
costaba seguir corriendo, parecía que iba a salir flotando con ellos en
cualquier momento, pero por más de que lo intentaba todavía no podía hacerlo.
Subió a una colina y desde ahí vio que, bajando por el otro lado, había una
canasta grande que ya tenía muchos globos atados.
Bajó tan rápido como pudo y empezó a desatarse los globos
que tenía en sus brazos y acomodarlos donde quedaba lugar. Cuando terminó se
subió rápido ilusionado con volar hasta las nubes, pero no pasó nada. Encontró
que una soga lo mantenía en el piso, estaba por desatarla, pero sintió un
poquito de miedo, sin embargo la voz de su papá apareció en su cabeza en otro
recuerdo << Pepe, en la vida, a veces hay cosas que nos dan miedo, pero
si vos querés llegar lejos, vas a tener que ser valiente y hacer las cosas
igual, con miedo. Eso es lo que hacen los valientes>> entonces cerró los
ojos y tiró de la punta de la soga que desató el nudo con que lo mantenía en
piso.
La canasta empezó a subir super rápido, pero no se asustó,
le daban cosquillas en la panza, le parecía lo más divertido que había echo en
toda su vida.
Mientras el canasta de globos verdes subía, pudo ver el
hermoso lugar donde estaba, había verde en todas las direcciones, algunas
lagunas celestes, árboles con frutas de todos los tipos, pequeñas montañas con
ríos que bajaban hasta las lagunas, pájaros y todo lo que a él le parecía hermoso.
Solo hicieron falta algunos minutos para que empezara a
aparecer en la canasta algo así como humo, sin asustarse miró hacia arriba y vio
que estaba llegando a las nubes. La panza se le puso dura y el corazón parecía
latir tan rápido como le era posible. Después de un ratito, estaba volando
sobre las nubes, el sol las hacía ver de color dorado, rosa y celeste. Voló un
tiempo viendo maravillado los colores de las nubes y los árboles de frutas en
el suelo cada vez que había un espacio despejado.
Empezó a fruncir el seño para mejorar su vista, parecía que
más adelante, sobre las nubes había un puntito que se movía, no lo vio al
principio, pero después de un rato supo que alguien caminaba hacia él.
Se preguntó si sería posible, pero esperó hasta ver mejor.
Cuando el puntito tomó forma de persona, notó como este levantaba las manos y corría,
era su papá que venía hacia él tan rápido como era posible. Sin pensarlo, saltó
de la canasta y corrió por las nubes, al llegar dio un salto enorme y cayó
entre los brazos de su papá que lo abrazó tan fuerte que sintió como el calor
de aquel hombre le acariciaba el corazón. Ahí estaba, como él había esperado,
el olor de su pelo, la textura de su remera, su mano sacudiendo el pelo
mientras la otra lo sostenía, todo lo que extrañaba estaba ahí.
Se quedaron así por un rato, fundidos en un abrazo
interminables, pero entonces Pepe se puso a llorar y hacer preguntas
<<¿dónde te fuiste? ¿por qué te fuiste?>> y otras cosas más, pero
su papá no hablaba, solo lo miraba y con una medio sonrisa parecía intentar
calmarlo.
Cuando se sintió un poco mejor, se sentó en las nubes y su
papá se le sentó al lado, los dos miraban para abajo, los ríos y los árboles
eran hermosos. La voz de su papá apareció en su cabeza << a veces, es
importante sentarse a mirar lo que uno tiene cuando se siente mal>> pero
no había abierto la boca, era un recuerdo, entendió que su papá le hablaba a
través de sus recuerdos y se puso contento, lo abrazó fuerte de nuevo y se
quería quedar ahí, pero no, lo agarró del brazo y levantándose le hizo señas
para que subieran a la canasta.
Apenas estuvieron arriba, el viento sacudió los globos y
empezaron a volar nuevamente. Mirando los globos, Pepe recordó que el verde era
el color favorito de su papá y otra vez su voz se escuchó adentro <<es un
lindo color, sobre todo porque es el color de la esperanza>>.
Entre las nubes empezaron a ver hacia abajo y en un momento,
su papá le señaló una de las lagunas. Para su sorpresa en el reflejo de agua,
se podía ver como si fuera en una tele, un recuerdo, justo estaban pasando el
día que Pepe había nacido y que su papá lo alzaba por primera vez. En otra que
estaba más a adelante, cuando a los dos años se había subido en la cabeza de su
papa y saltando le decía <<vos huevito yo gallina, vos huevito yo
gallina>> se empezó a reír y escuchaba como un recuerdo la risa de su
papá que lo miraba con cara de estar divirtiéndose también.
Así pasaron el día, riendo como locos, viendo sus recuerdos,
abrazándose cuando aparecía algo más lindo y hablando, él le decía cosas y su
papá le contestaba a través de recuerdos.
Sin que se diera cuenta, el sol, ya estaba a punto de
esconderse y la tarde llegaba a su fin. Entre las nubes se escuchó un trueno y
ennegrecidas parecían transformarse en una tormenta. Se asustó y miró a su papá
que lo seguí mirando tranquilo, pero con un poco de tristeza en los ojos. Un
recuerdo sonó en su cabeza << enano, todo tiene que llegar alguna vez,
por más que no queramos, el tiempo pasa y en algún momento a todos nos toca
irnos>> esto se lo había explicado cuando un pajarito que tenía había
aparecido en la jaulita sin moverse, con el pico y las patitas duras.
Entendió de qué hablaba y no quiso aceptarlo, se agarró de
él hundiendo su cara en la ropas y gritó una y otra vez “no, papi, no quiero,
no quiero”, pero los interrumpió un sacudón.
La canasta había chocado en medio de la oscuridad contra una
montaña muy grande que pareció salir de la nada.
Empezó a llover mientras los truenos hacían ruido y el viento
golpeaba la canasta contra la montaña. Se quedaron ahí un rato, sintiendo el
calor, él uno del otro, mientras el frío de la lluvia les congelaba la espalda.
Cuando ya estaba por quedarse dormido, sintió como lo alzaba, casi de la misma
manera que lo hacía cuando se quedaba dormido en el sillón y lo llevaba hasta
la cama para acostarlo. Se despabiló y de un salto se agarró fuerte, su papá
trató de calmarlo y los dos juntos se bajaron de la canasta.
En la montaña había un camino que se podía ver cómo bajaba
hasta el pasto verde, donde el sol salía de nuevo y las frutas brillaban.
Se puso contento y tirando de la mano de su papá quiso
empezar a bajar, pero este no se movía, lo miró con desesperación y tiró tan
fuerte como pudo, pero él no se movía. Entonces, sin hablar ninguno de los dos,
el recuerdo del pajarito apareció en su cabeza
- - ¿Entonces el pajarito se fue al cielo
papá? – preguntaba en su recuerdo
- - Si Pepe, se fue al cielo mi amor –
contestaba su papá
- - ¿Y no va a volver?
- - No amor, cuando es hora de irse al cielo,
no podemos volver
- -¿Vos también te vas a ir?
- - Si, algún día me voy a tener que ir, a
todos nos va a pasar
- - Pero yo me voy a quedar solito
-
No mi amor, va a haber otras personas, y
vas a tener que seguir adelante, encontrar alguien que te acompañe, hacer cosas
nuevas, vivir todo lo que siempre soñaste, y yo voy a estar ahí con vos, pero
de otra manera, adentro tuyo, en los recuerdos, en todo lo que nos quisimos.
Nunca te voy a dejar.
Pepe supo entonces que el día del que habían hablado aquella
vez, había llegado, así que se agarró tan fuerte como pudo de su papá y trató
de guardar ese calorcito adentro suyo.
Una vez más su papá le habló adentro de su cabeza, esta vez
era lo que siempre le decía cuando lo acostaba a dormir.
<<Hasta mañana mi cielo, estoy muy orgulloso de vos, espero
que Dios te cuide siempre y que te
conviertas en un hombre bueno. Te amo>>
Y entonces le soltó
la mano y lo vio subirse a la canasta de globos verdes, que de a poco empezó a
subir la montaña. Pepe, la vio alejarse, pero no se perdió en la nubes, la
podía ver allá muy alto.
La lluvia había parado y en el camino de bajada brillaba el
sol. Muy triste empezó a caminar mientras escuchaba la voz de su papá en su
cabeza << no te olvides nunca que te amo y que estoy orgulloso de
vos>>
El calor del sol en su cara le ayudó a sentirse un poco
mejor, miró arriba y muy alto se veía un puntito verde que lo seguía a donde
quiera que fuese.
Al día siguiente, amaneció con el sol que entraba por la
ventana en la cara, se levantó todavía con la sensación de que todo había sido
verdad y se sintió mejor, corrió a la cama de su mamá que se había quedado
dormida con el teléfono en la mano, de un salto se le subió encima y entre la
sorpresa le dijo cuanto la amaba. Se quedaron ahí, abrazados llorando juntos y
otra vez su papá le habló en la cabeza <<los amo tanto que ustedes no
tienen una idea>> los dos sonrieron un poco y sintieron de nuevo el calor
de un abrazo que hace bien.

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