Roberto la Lombriz
Roberto era una lombriz que vivía en el fondo de la casa de unos viejitos, adentro de una latita de gaseosa que alguien no recogió, justo al lado de una piedra donde se escondían unos chanchitos bolitas, frente a un charco de barro que era habitado por varias lombrices más y rodeado de hormigas iban y venían apuradas todo el tiempo.
Todos los insectos del patio vivían allí hace mucho tiempo, algunos, los más viejos, recordaban cuando la pareja de viejitos era más joven y el patio resplandecía por doquier.
Una mañana, Roberto, notó que ninguno de los viejitos había salido al patio en mucho tiempo y todos empezaron a preocuparse.
Sin aviso, algunas personas extrañas aparecieran, en una sola tarde recogieron la lata donde Roberto vivía, todas las piedras del suelo, y con ellas los chanchitos, arrancaron las hiervas y el pasto, dejando sin comida a las hormigas, alguno arregló la perdida en la canilla y el charco de barro de las lombrices se empezó a secar con el sol de la tarde, antes de irse el último puso en la entrada un cartel que decía en grande “Casa en Venta”
Uno a uno, los bichitos comenzaron a dejar el patio en busca de un mejor lugar para vivir, pero Roberto, por algún motivo no pudo irse, se quedó ahí hasta que ya no había nadie más.
Miró a todos lados y en la inmensidad de la soledad se sintió tan triste, que hizo como pudo un huequito en suelo seco y se escondió.
La noche siguiente, una tormenta de verano sacudió la tranquilidad en la que Roberto se lamentaba por lo sucedido. Las grandes gotas pronto llenaron el pocito, y la lombriz tuvo que salir a respirar, mientras las gotas lo golpeaban, se desesperó y llorando tomo una bocanada de aire y volvió a escarbar, más profundo esta vez, donde el agua de la lluvia no llegaba.
Mientras bajaba, se preguntó una y otra vez “¿qué más me puede pasar?”.
Ahí se quedó, en la oscuridad, triste y solo, recordando lo linda que era su vida hasta ese día en que lo perdió todo. Roberto, se había metido en un poso y no sabía ahora como haría para seguir adelante.
Una semana después, ya sin fuerzas, sintió hambre y asomó su cabecita para ver si encontraba algo de comer. Para su sorpresa, después de la lluvia, el pasto había brotado, otras hormigas que no conocía decidieron hacer un hormiguero muy cerca de una pequeña filtración que la canilla volvía a tener, se sorprendió mucho cuando encontró una familia de lombrices que veía con buenos ojos un buen lugar para vivir.
Roberto no lo sabía, pero después de perder la oportunidad de buscar nuevos horizontes, como lo hicieron sus amigos, después de estar en el fonde de un pozo por mucho tiempo, la vida le daba una nueva oportunidad de volver a empezar.
Se arrastró por el patio, saludando con una sonrisa a los nuevos insectos y a pesar de que su corazón todavía extrañaba a sus viejos amigos, estaba seguro de que algo bueno le esperaba en el futuro.

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