Tacones y espejos
Se levanta temprano en la mañana, todavía con las ojeras del día anterior. Se mira al espejo sin verse, estira el cuello y con la mano derecha comienza a maquillarse. Todavía en pijama camina de nuevo a la cama y se viste.
Pasa por el espejo del ropero y revisa que la ropa le quede bien, pero no se presta atención.
Sube al auto, haciendo malabares para que no se le caigan las galletas, los maquillajes y todo lo demás. En el camino revisa varias veces los retrovisores, pero no se encuentra con ella misma en ningún momento.
Cuando entra al edificio agacha la cabeza y se concentra en el ruido de sus tacones para evitar la tentación de mirarse en algún reflejo.
Después de pasar horas sonriendo para la gente, comienza a derretirse y sin más, se va de nuevo a casa.
Las tardes las pasa en pijama, solo se saca el maquillaje bajo la ducha, para evitar el espejo.
Quizás tenga miedo de mirarse a los ojos, quizás el problema está en que la vida no es como se la contaron, que se prometió cosas que no ha conseguido, o quizás alguien le dijo que sí un día llegara a la cima estaría orgulloso de ella.
Después de ver como los años se le juntan bajo el maquillaje, entre las capas y capas de esmaltes en las uñas, va a despertar un día para darse cuenta que el labial no corre fácil entre las arrugas de sus labios. Quizás ahí se encuentre debajo se sus párpados caídos, la mirada de una mujer joven que ya sin tiempo espera para ser feliz.
Tarde o temprano, entenderá que en la vida los demás esperan más de nosotros de lo que podemos dar. Cuando le caiga la ficha, si es que lo hace, sabrá que en los mensajes de aliento, se esconde una exigencia que a veces nos resulta aplastante, no sé si tendrá tiempo para quererse, para saber que no hay revancha contra el tiempo y que la felicidad es una exigencia bastante cínica que no tiene más objetivo que hacernos caminar hacia una lugar que quizás no llegue nunca, o que si lo hace dure unos pocos segundos que no valen la pena perderse una vida por ellos.
En su carrera para encontrar felicidad, no encuentra paz, porque no sabe que hoy es un día único y que si no lo vive estará perdido. No se ha dado cuenta que busca con su maquillaje la aprobación de los demás, porque no tiene la propia.
Ojalá que un día se anime a vivir antes de que sus ojos pierdan el brillo.

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