El momento de ser feliz llegó
Era chico cuando la recibí, me la regalaron en casa, estaba envuelta con mucho cuidado. Recuerdo todavía las lágrimas en los ojos de mis padres. Ahora de grande entiendo que aquellas lágrimas denotaban la emoción de entregar con el corazón, algo que les había costado sangre conseguir.
En fin, estaba envuelta en papeles de colores, con cintas que la rodeaban y tenían fin en un pomposo moño color dorado. Casi sin aire la desnude a toda prisa.
Era una caja de cristal, inmaculada, brillaba sin marcas de dedos, ni polvo, reflejaba el sol tanto que no me permitía ver lo que había en su interior. Busque la forma de abrirla, a toda prisa. Mis padres me la quitaron de las manos y me sentaron frente a ellos.
- Antes de que la abras, debes saber que adentro contiene la felicidad, absolutamente plena, sin trampas, sin consecuencias, pura y real.
- Mejor entonces -dije con apuro de volver a intentar abrirla- seamos felices ahora.
- No -gritaron juntos, quitándome la caja- debes pensarlo bien
- Hay un momento para todo, la vida es larga, hay que buscar el momento preciso -dijo papá.
- Si, si, también tenes que tener en cuenta que hay malas personas, que querrán quitartela en cuanto te vean feliz -agrego mamá
- Por su puesto, la envidia es terrible, además cuando uno es tan chico no sabe diferenciar a los verdaderos amigos, después está la escuela y ahí empieza la competencia…
- Sin hablar de la universidad, es mejor esperar hasta tener el título…
- Si, es verdad, cuando vengan los hijos… aunque ahí hay que pensar en la casa, y nadie puede ser verdaderamente feliz hasta que tiene un techo sobre su cabeza.
Cuando haya niños, con el primer trabajo importante, al llegar el reconocimiento, después de estabilizarse económicamente, o cuando haya nietos, o cuando…
Y ahí se quedaron, entusiasmados, pensando entre ellos cuándo era el mejor momento para ser feliz.
No notaron mis desgano, no me vieron tomar la caja bajo el brazo, no preguntaron nunca qué había echo con ella. La conversación sobre “el momento ideal para ser feliz” no acabó nunca, la idea los consumió de a poco, el tiempo los lleno de arrugas, les quito la fuerza, se llevó su lucidez y más tarde se los llevó a ellos.
En todos esos años, no pudieron nunca decirme cuando sería el momento indicado, creo que se fueron sin saberlo… y ahora yo, con las manos cansadas, las arrugas en la cara y el pelo blanco, estoy arto de esperar, de no haberme atrevido a ser feliz… pero me siento cansado, incapaz de tener la fuerza para abrirla…
Que triste, haber podido ser feliz toda mi vida y no haberme atrevido. Ojalá que haya una vida después de esta, quizás entonces pueda abrir esta caja apenas me la den, lo haría sin miedo, sin pensarlo, haría todo lo posible por ser feliz si hubiera otra oportunidades, sin que importe lo que esta bien, si las personas miran, si hay maldad en mundo, si cuesta mucho o poco, intentaría ser feliz aunque sea un ratito, aunque sea solo un soplido…
Cuanto desearía que estuvieran mis padres para abrir la caja sin hacerles caso, para que vieran con sus ojos que el fruto de su esfuerzo no fue en vano, por un último abrazo, por una palabra a tiempo, por contarles que el miedo te roba el tiempo…
Ojalá… ojalá… ojala

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