La Cura del Insomnio 2

La cura del insomnio 2



Después de la última crónica donde he descripto mis dificultades para conciliar el sueño, aquella que terminó mal, cuando vino mi hijo en medio de la noche a preguntarme si no me gustaría volver en el tiempo a recuperar todo aquello que alguna vez he perdido, desarrollé nuevas técnicas, debo decir que fue gracias a muchas visitas al psicólogo.

En las primeras sesiones, hablamos del pasado, el psicoanálisis me ayudo a reconocer que el pasado es algo que siempre estará presente, pero debemos vivir con el peso de nuestra historia. Hubo horas duras para aceptar y hacer los duelos pertinentes.

Fue un camino escabroso aceptar que los errores no me definen, que debo realizar un proceso interno de perdón por lo que no dije a tiempo. Lo que más me ha costado es tener diálogos imaginarios con personas que no están, para completar procesos que quedaron sin resolver con aquellas desapariciones. Otros días tuve que llenarme de valor para enfrentar las relaciones actuales, decir lo que me molesta, lo que siento, encontrar la manera de entablar nuevas relaciones con viejos actores. En fin, estar al día donde y con quien se puede y dejar ir, soltar lo que ya ha sido.

Fue entonces cuando el semblante me cambió, conseguí que las noches pasaran de padecimientos, a simples instancias de descanso.

Hubo veces que los asuntos sin resolver ameritaron dosis de clonazepam para conciliar el sueño a pesar de la ansiedad de aquellos episodios.

Las sesiones, las drogas, los libros, en si el esfuerzo había dado sus frutos. Pero también fui ayudado por mi familia. Mi hijo ha dejado de visitarme con aquellas preguntas antes de dormir, ahora solo son risas y abrazos antes de la hora del sueño y las conversaciones profundas se han quedado en este invierno, para las tardes de mandarinas al sol.

Fue quizás ese mi error, es que no vi venir a mi hija, la pequeña, la que ahora tiene los 5 años que tuvo el primogénito en aquella noche disruptiva. No había notado que las sinapsis de Sofía se agazapaban en las sombras, tendiendo nuevos puentes neuronales en la oscuridad, a la sombra de mi ignorancia que pelaba las mandarinas y comía los gajos con total descuido.

Es aquí donde quiero aconsejarlos. Sabemos que cuando la noche se hace más oscura, también estamos mas cerca del amanecer de un nuevo día, pero recuerden, al día le sigue otra noche. Y resulta que esa noche, me había olvidado en un cajón de la mesa de luz, mis frases de autoconvencimiento, mis pastillas y mis nuevas armas. Fue así, desprovisto de todo, que acosté a mi hijo, le di la bendición y en un descuido me adentre en las fauces del lobo.

Entre en la habitación de mi hija, ella luchaba a sus 5 años con la coordinación necesaria para introducir la cabeza y ambos brazos al mismo tiempo en el pijama. Me pareció tierna la imagen, me sonreí y le ofrecí ayuda, lo hice por inocente, por no saber lo que me esperaba en la penumbra de las estrellas que su lámpara de luz proyecta en el techo. Cuando tiré de sus ropas hacia abajo y su carita tierna apareció envuelta en sus trenzas, percibí un gesto incómodo… es ahí donde tendría que haber salido huyendo y cobijarme bajos las sábanas, taparme los oídos y cubrirme hasta la cabeza, pero no, seguí y le di al verdugo las armas.

-       -   ¿qué te pasó loquita? ¿te enredaste con el pijama?

-       -   Si papá, es que estaba pensando en algo – uno a veces se queja, pero es culpable de no ver las señales, ese fue el momento de huir, pero no, mi pulsión de muerte me obligo a repreguntar…

-       -   ¿Sí? ¿qué pensabas amor?

-       -   En que ya no soy la misma de antes

-       -  ¿Cómo que no?

-       -  Y no papá, antes yo era chiquita y vos también. Ahora, yo soy grande, pero vos no sos más grande, vos te estas poniendo viejito – me sorprendió como a quien le dan un bofetón por la espalda, pero cuando uno es pavo, es pavo y listo, uno no sabe cuando parar, por eso calculo que seguí preguntando.

-        -  ¿Sí? ¿vos lo crees? Mirá que eso es normal mi vida, tiene que ser así.

-        -   Pero me pone triste papá – ahí ya no podía escapar, estaba obligado a seguir como quien, sentenciado a la silla eléctrica, se sienta por su propia voluntad, sabiendo que ya no puede escapar.

-        -   ¿Triste? No te pongas triste, tenés que crecer, para convertirte en una mujer inteligente, linda, para cumplir tus sueños, para conocer el mundo, para hacer cosas lindas – y quisiera haber seguido enumerando cosas lindas, pero…

-        -  Si papá, pero yo me hago grande y vos viejito, no te queda mucho tiempo a vos. Después me voy a quedar solita

Hubo entre sus ojos y los míos, durante algunos segundos que duraron años, un puente que nos unió de corazón a corazón y el miedo a lo que está por venir y el miedo a que todo se termine pronto, hicieron equilibrio en una noche que me perseguirá para siempre, como la noche en que mi hija pequeña se volvió adulta y la finitud de mi vida se hizo presente.

Terminamos de hablar y nos fundimos en un abrazo donde creo que fue ella la que me contuvo.

Ya en mi cuarto, abrí el cajón de la mesa de luz y corriendo con la mano mis pastillas, mis antiguas y oxidadas armas con que hice frente a mi pasado y saqué del fondo un papelito donde tenía anotado el numero de mi analista. Ahí me quede largas horas en vela, pensando toda la madrugada como haría para reconciliar el sueño sabiendo que cada hora que paso durmiendo es una hora menos vida… 

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