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Me despido de esta vida...

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  Quiero empezar por pedir perdón en esta carta a las personas que voy a dejar solas, a las que voy a lastimar y por sobre todo a las que esperaban más de mí y van a salir decepcionadas, pero ya no puedo más, me rindo. Me cansé, me cansaron… Ya no soporto ver la miseria y no poder tragar la comida, ya no aguanto las visitas al médico, los antiácidos, las patillas para dormir, los dolores en todo el cuerpo a causa del estrés. De verdad lo intenté, quise por todos los medios salir adelante, superarme, ser feliz algún día. Pero siempre una nube negra sobrevuela mi cabeza. No puedo viajar donde quiero, no puedo vestir como quiero, no puedo tener el auto que quiero, no puedo tener la casa que soñé, no puedo trabajar de lo que quiero. Es prácticamente imposible vivir como deseaba, o que las cosas salgan más o menos como las había imaginado. Y ya no puedo más con esto… me cansé, me cansaron. Me cansó la inseguridad, me cansó la política, me cansó el oportunismo entre la gente, m...

El salchichero hambriento

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 El salchichero… Era una familia trágicamente desordenada, el hijo tenía problemas mentales y su padre lo abandonó apenas lo supo, la madre no sabía lidiar con él problema de su hijo y lo maltrataba todo el tiempo. No lo aseaba, ni lo contenía, el niño era poco más que un animal, todo sucio y arruinado. Con los años se volvió muy violento y su madre lo encerraba durante el día en la habitación, solo lo dejaba salir de noche, lo sentaba frente a la televisión y le daba de comer solo una vez al día un tazón lleno de salchichas, que era lo único que el niño comía sin protestar, luego se tomaba dos pastillas para dormir y no escuchar los ruidos. Una noche, un gato entró por la ventana, el animal hambriento se acercó a las salchichas y el niño lo atacó, lo mordió y rompió el cuello. Cuando la madre despertó por la mañana lo encontró comiendo sus salchichas entre los latigazos de sangre que adornaban todo el lugar, se espantó al encontrar el animal destrozado en el piso. Golpeo a su hijo...

La bella y la bestia... que cuento de mierda

  La bella y la bestia. En mi ciudad hay una mujer que vive en el puente, donde las vías del tren pasan por debajo de la carretera. Todos la llaman Bella, a pesar de que tiene los ojos terriblemente tristes. La historia de porqué vive sola allí, de su locura y del mito, comienza a toda velocidad. Bella corre tan rápido como puede y la bestia maneja con los ojos desorbitados, absolutamente fuera de sí. Los dos son de barrio, de mundos pobres, de modales diferentes. Ella es morena, de ojos grandes, pelo negro y un dulce rostro que no ha conocido los deleites de una vida fácil. Él de mundos oscuros, malas juntas, excesos, de esas personas que no cuentan una sola historia apta para menores. Desde muy chicos se gustaron, mientras ella trataba de sobrevivir a sus penas, el causaba penas peores a todas las personas que se cruzaban cerca de él, por eso es por lo que a todos les parecía una locura el romance de aquellos, sobre todo cuando ella quedó embarazada y él fue a buscar trab...

Le gané la pelea a los tres...

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  Cuando salí del baño ya cambiado y todavía con el pelo mojado ahí estaban los tres, dos sentados y uno bajo la mesa. Todos me miraron y al mismo tiempo me invitaron a sentarme, lo sentí más como una amenaza. Corrí una silla y me acomodé de a poco, con bastante desconfianza. Siempre estas conversaciones terminan mal. Yo - ¿Qué quieren ahora? El viejo – Se acabó, no estamos de acuerdo con como estas manejando las cosas, queremos cambios, necesitamos que cambies. – este tipo viejo, de unos 70 años, con un aspecto de mala salud, esta sentado justo a mí, a la derecha. El Joven – Vos sabés que cuando te bañas, algo en el agua nos hace dar ganas de charlar, y siempre es lo mismo. El viejo no quiere terminar así, este niño – señaló debajo de la mesa, donde efectivamente el nene, de unos 6 años, me mira con los ojos llenos de lágrimas – no quiere tampoco que estemos así, el quiere salir de vez en cuando, tiene ganas de vivir, de ver la luz del sol, que no lo ignores todo el tiempo...

No cierres la puerta hija

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  ¿cuándo aprenden los niños a cerrar la puerta? Lo importante de la vida es pensar, o sentir, pero las personas no hacemos bien ninguna de las dos cosas. Esta vez me arrepiento de no haber pensado para poder sentir. Pensemos por un momento, cuando nos encontramos en un lugar seguro, no cerramos puertas, por el contrario, en verano abrimos puertas y ventanas para que el sol pueda entrar, para que el sonido de los pájaros penetre en medio del olor a verde de las plantas que resplandecen de vida. Entonces debería haber pensado que era natural para mis hijos salir por la puerta a jugar y dejar la puerta abierta, lo extraño sería que la cerraran. ¿por qué cerrarla es la pregunta correcta? No saben de economía ni de física para saber que el aire acondicionado necesita un ambiente cerrado, no saben de insectos para suponer el comportamiento de las moscas que van a intentar entrar. Lo que, si saben, es que adentro esta mamá y papá, que allí todo es seguro. Por fuera esta su mundo, sus jug...

El Biologo Nazi en Mendoza Argentina

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 Nací en 1915 en Darmstadt, una ciudad en el centro de Alemania. Mi verdadero nombre es Heinz Brücher, de joven me interesé por la biología y la botánica. Al terminar mis estudios el tercer Reich se gestaba firme, me enlisté para la SS y bajo el mando de Heinrich Himler fui nombrado teniente cuando tenía veintisiete años.  En el año 1943 estaba a cargo de la Unidad Especial de Ciencias, fui conocido por entonces como “El Biólogo de Hitler”. El objetivo de nuestro departamento era desarrollar todo lo necesario para que Alemania pudiera ser un país autárquico. Queríamos poder cerrar nuestras fronteras y no depender de un contacto con el mundo exterior. En mi caso, fue encomendado crear vegetales y legumbres que pudieran cultivarse en climas extremos, resistentes a las pestes y plagas.  A mediados de ese mismo año, me ordenaron apoderarme de las semillas y todos los estudios que Nikolay Vavilov había distribuido en 18 centros de investigación secretos a lo largo de Unión Sov...

La consecuencia de la decisión

 Ella nació mucho antes de ver la luz, nació inclusive años antes de ser concebida.  Para ser exactos 7 años antes, cuando nos conocimos con Florencia. Para ser cronológicos les cuento que a Florencia la conocí cuando tenía veinticinco años, fue casi sin querer y sin darme cuenta, como pasan todas las cosas importantes en la vida. Llevaba tres relaciones fallidas y había decidido en los últimos seis meses disfrutar de la soltería, claro que basta con estar cansado de buscar para decir “ya no quiero esto” y entonces la vida te lo pone en un plato justo enfrente. Estábamos en la casa de un amigo, invitados por separado y medio de rebote los dos. Como ambos íbamos acompañando amigos, éramos poco menos que unos colados indirectos.  Antes de comer ya me sentía incómodo por no conocer a nadie, así que pensé en salir a la vereda con la escusa de ir a hablar por teléfono,  en realidad era menos incómodo estar solo afuera. Apenas puse un pie en la vereda me encontré una chica...

La muerte de la Rubia

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 Yo sabía que algún día tendría un hijo, siempre lo supe.  A los 20 años tuve un sueño bastante humilde, quería trabajar para tener mi casa, mi auto y una familia. A los veintiuno comencé tímidamente lo que después sería mi casa, a los veintitrés conocí la que seis años después sería mi esposa, y a un año de la boda ya era papá. Como sentía que le faltaba algo al combo, decidí agrandar el menú de mediano a familiar con el nacimiento de mi hija poco después de haber cumplido treinta y tres. Entonces me quedé un poco como bola sin manija. Resulta que aquello que había soñado, se cumplió casi casi de modo perfecto y entonces creí que ya podía dejar que las cosas siguieran su curso sin preocuparme demasiado. Cuando los niños son chicos, los papás miramos de reojo el futuro. Lo miramos y tenemos la misma sensación que da la escena de la película  donde el asesino está detrás de la adolescente rubia y pechugona que habla por teléfono. Sabemos que va a ser un desastre, corridas,...

El Diente

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 El diente Cuando vi que estaba flojo pensé inmediatamente en el ratón de los dientes. Todos los días estaba pendiente, revisaba a cada rato por miedo que se desprendiera sin notarlo y terminará por accidente en el estómago. Eso podría ser un problema, para que aparezca el dinero debajo de la almohada es requisito indispensable que esa noche uno se acueste y  ponga allí el diente caído junto con toda la ilusión del mundo.  Yo sé que la magia no existe, pero en esto sí creo. Pasaron cinco días y cada vez se desprendía un poquito más,  a veces al revisarlo había pequeños hilitos de sangre, pero no duele, hay un adormecimiento muy peculiar que seguramente tiene que ver con  que el peso de la ilusión es más fuerte. Pensé muchas veces en ese maravilloso proceso que convierte un diente en dinero, y al dinero en algo que uno siempre ha querido comprar. No importa el qué, no importa si mamá o papá podrían pagarlo, no importa si es mucho o es poco, si es algo grande o ch...

La Venganza

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 La Venganza Pablo era un tipo sencillo, no le gustaban las emociones fuertes, ni tampoco la rutina. Normalmente, no le gustaba tener muchas novedades en su vida. Casi podríamos decir que Pablo es un tipo como todos, pero guarda adentro suyo un secreto, sabe que Lucía lo engaña. Hace tiempo, encontró una conversación de WhatsApp. - Hola ¿a la misma hora de siempre? – preguntaba ella - ¿Pablo ya se fue? – le contestaba su concuñado, el marido de la hermana de Pablo – si estás sola, encontrémonos más temprano, tenemos que hacer muchas cositas. - Jajaja si, ya me parece mucho esto. Pero sos el mejor, mientras más cosas hagamos mejor es. Pablo se lo merece jajajaja Hace algunas semana que venían con problemas, habían discutido varias veces. A Pablo le daban muchos celos que Lucía estuviera tanto tiempo hablando con su concuñado los domingos en el almuerzo familiar. Sobre todo, porque Víctor desde que esta con la hermana de Pablo era su mejor amigo. Lo llevo al equipo de futbol, l...